Publicado por
J.F. Pérez Chencho
León

Creado:

Actualizado:

Una gaviota gris levantó el vuelo desde la torre de la ermita Virgen de la Barca y se posó en una boya del puerto de Muxía. Una boya color butano sobre las aguas y negra pringosa en la otra mitad y su cordada. En la campa había una actividad nerviosa: soldados con tiendas de campaña, autocares de Barcelona, de Murcia, de Madrid, de Valencia, con sus vientres preñados de mochilas. Son la legión de voluntarios. En los escaparates del pueblo les dedican poemas de gratitud y admiración. Los exponen junto al inefable «Nunca mais», y pintadas que piden dimisiones o bajan de las nubes al último prohombre gallego: «Fraga, cínico». Las pintadas se repiten en todos los tapiales de la Costa da Morte: desde Camariñas, a Muxía; desde Corcubión, a Fisterra; desde Carnota a Muros. Visité, uno a uno, todos los concejos afectados por la marea negra del Prestige. Se palpa la irritabilidad social. Galicia ha despertado de un mal sueño. La palabra que crucifica la tragedia es única: dimisión. Es un grito sin sordina: la vocearon en el estadio de Riazor en el encuentro Depor/Celta, la oyes en los bares, en los restaurantes, en todas las esquinas. Y la lees en los tapiales, con una lleve matemática ahormando a los destinatarios: «Aznar, Fraga (y el corregidor de turno), dimisión». Una muchacha catalana busca la redención del avituallamiento. Se le nota su agotamiento y su decepción. Es una imagen patética. Ha trabajado hasta la extenuación. ¿Para qué?. La realidad, confiesa, es siempre la misma: lo que limpiamos hoy, mañana está igual. Descorazona. La misma confesión de la voluntaria en Muxía, me la recitaron en Lira, en Camariñas o en Carnota. En la playa blanca y plana de Carnota, cientos de voluntarios se afanaban en limpiar el betún asqueroso, mientras asumían que «mañana será peor». O mucho cambian los vientos, o la marea azul pondrá de luto, muchas más veces, a la Costa da Morte. La irritación actual teminará en desesperación social. Los efectos políticos son de más largo alcance. Pude comprobar, sin riesgo de error, que el mito Fraga ha terminado: por viejo y por inhibición. Galicia ha asumido que su virrey miente y no es el Hércules que llegaba a Madrid y hacía tambalear las columnas del poder. Ahora se vende la imagen del «Fraga cínico» , que se fue a cazar cuando se produjo la crisis y no ha tenido respuestas después. Pero ya tendré tiempo y espacio en este «balcón» para enlutar la crisis del Prestige. Ahora pido una bocanada de aire limpio para lamentar la muerte de Manuel García San Millán (alias Chivani), 67 años, forofo reojiblanco, personaje inequívoco de la trastienda leonesa, y llenar de crespones jubilosos el paseíllo a Andrés Trapiello, ganador del Nadal con su novela Los amigos del crimen perfecto. Si Andrés Trapiello hubiese tardado unos meses en escribir la novela, Galicia le habría dado título. Poque la crisis del Prestige es un crimen perfecto.

Cargando contenidos...