Diario de León

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Ayer fue Jacques Chirac, hoy serán el Papa y Tony Blair, anteayer Georger Bush, mañana quién sabe. El caso es viajar, moverse, dar la sensación de que se hacen muchas cosas, muchas consultas, hacer ver que todas las opiniones cuentan. A mí me parece, y pienso que a la gente, en general, le parece, que ya todo está decidido, que cada cual se ajusta a su guión, que habrá guerra -y pronto-, por más que este viernes, en conferencia de prensa conjunta, Blair y su amigo español nos digan que no, que quieren evitar la guerra. Ni ellos, ni, por supuesto, l"ami français, van a evitarla. Y el alemán, porque tiene un socio belicoso contra la guerra -valga la contradicción- que, si no... Total, que estamos en los estertores de la diplomacia y en los momentos previos al sonido de los cañones, salvo que un milagro lo remedie. Pero en El Vaticano ya no se hacen milagros. ¿Qué se dirán José María Aznar y Juan Pablo II? ¿Será un diálogo de sordos entre gentes que proclaman creer lo mismo y que, sin embargo, tanto se distancian? ¿Es la razón de Estado, la dialéctica del petróleo, la gran razón? Si todo sale bien, ya sabemos que la victoria tiene cien padres, y habrá días de vino y rosas -excepto, claro, para quien quede en el camino, sepultado-. Pero ¿y si sale mal? ¿Y si las consecuencias acaban pagándolas nuestros hijos? Cuánta responsabilidad, Dios, en las manos de esta gente viajera que, subida al avión, no tiene tiempo de escuchar lo que dice la plebe de a pie, aunque sea en masivas manifestaciones.

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