Publicado por
Federico Abascal
León

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José María Aznar le queda sólo un año de mandato, siempre que no se adelantasen las elecciones generales, pero aún en ese caso el plazo de un año se vería acortado por la campaña electoral, un tiempo en el que los Gobiernos no suelen tomar decisiones comprometidas, y en alguna medida gravado desde el otoño por el delfín oficialmente ungido, quien o decide actuar como simple repetidor del presidente o exige que se imprima su sello más o menos diferenciado a las decisiones del ejecutivo. De cualquier modo, se plantearía un problema de bicefalia que, insípida o tensa, conmovería al PP, cuyos militantes en busca de futuro se deberían a dos disciplinas diferentes, debilitándose la de Aznar, por caducidad, mientras se endurecería la que empezase a imponer el delfín aureolado. Es lo malo del concurso de herederos, que nadie sabe si lo bueno es, para ganarlo, someterse con entera docilidad al testador o si se considera un mérito la exposición y la defensa de criterios personales. Suponiendo, y no es mucho suponer, que el PP vuelva a ganar las próximas elecciones generales, el actual delfín elevado entonces a la presidencia del Gobierno debería tener sus manos libres para, sin cancelar la prioridad exterior de Aznar, unidireccional en cierto modo, conseguir el fortalecimiento de los lazos, muy debilitados ahora, que veníamos manteniendo con Francia y Alemania, procurando además desde el primer momento borrar en Iberoamérica la imagen de España como mensajero de Estados Unidos. Y, sobre todo, el sucesor habría de suavizar el tono político del Gobierno y educarlo en formas de expresión menos desabridas y falaces. Puede entenderse la acritud de Aznar en el Congreso, acusando con afán demoledor a sus adversarios de simples suposiciones distorsionadas, por la prisa que su ya corto mandato impone a sus proyectos, a pesar de la velocidad a la que evolucionan las circunstancias. Si, en contra de lo que afirma el presidente, el líder socialista Zapatero ni pretende aislar internacionalmente a Estados Unidos ni se encuentra capacitado para ello, ni se considera compañero de viaje de Sadam Huseín, como Aznar le imputa, puede deducirse, por vía de conjetura, que en el reloj de La Moncloa suena el tictac de la cuenta atrás, una cuenta atrás cada vez más sugerente y apremiante, que va midiendo lo que al mandato presidencial le queda de vida. Los vencimientos a plazo fijo enervan frecuentemente a quienes deben afrontarlos, y a Aznar tal vez no le dé tiempo de recoger el supuesto dividendo de su gran inversión ni a pagar las facturas de sus desinversiones.

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