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León

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La condena a dos años y tres meses de cárcel al propietario de una discoteca palentina llamada «Chapó» por superar los niveles de ruido permitidos ha hecho sonar los decibelios de alarma en otros muchos puntos de la geografía nocturna. El Supremo -hasta allí llegó la marea acústica- le impuso también una multa de más de 20.000 euros y le inhabilitó durante dos años para este tipo de negocios. La sentencia tiene una extraordinaria relevancia porque en ella el tribunal atiende, de forma inequívoca, los argumentos de los vecinos afectados que se quejaban de algo tan nimio como de cefaleas, alteraciones del sueño, irritabilidad, cambios de carácter... Las bobadas de siempre, vaya. Chapó, señor juez.

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