Diario de León

PP, cementerio de conciencias En defensa de La Cabrera Las bandas se llevaron la limpieza Algunas cosas estúpidas

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Le llegó una repentina iluminación. Fue llamado a ocupar, junto al más grande, un lugar privilegiado en la Historia. Se sumó incondicionalmente a las tesis más belicistas del presidente del país más poderoso del mundo. Las bases, los mandos intermedios y los segundos en el escalafón del PP se echaron a temblar: «¡dónde nos ha metido este hombre!». Pero, en público, nadie se atrevió a rechistar. Disciplinados, sumisos, obedientes, resignados, acallaron la voz de su conciencia y aplaudieron a rabiar los discursos de su jefe. Y por ahí andan, aguantando como pueden el chaparrón que les está cayendo encima, cobardemente arrastrados por la bravuconería de su pequeño-gran amo. Feliciano Martínez Redondo (León). Soy gallega y trabajo en La Cabrera. Esta frase, suena a presentación de una terapia de grupo en las que se reconoce un vicio o algún tipo de trauma infantil. Pues así es como yo me siento después de leer en la prensa ciertos artículos o colaboraciones presuntamente de carácter «periodístico» que, sin la más mínima argumentación ni fundamento, atribuyen unos calificativos a los cabrerienses que resultan ofensivos, incluso para los que no nacimos en la comarca de La Cabrera pero que vivimos de ella y la disfrutamos. Es cierto que los gallegos no olvidamos nuestra tierra y la añoramos; la «morriña» nos consume en cuanto pasamos Piedrafita, sin embargo en lugares como La Sierra de La Cabrera se lleva bien, pero tan bien que si el resto de España fuese Cabrera quizás no existiría la palabra «morriña». Pero ésta no es una afirmación gratuita, sino que es la consecuencia del trato diario con los cabrerienses. Son gente honrada, con un gran corazón, dispuestos a ayudar sin que lo pidas, a dar sin pretender nada a cambio. Son sabios como no podía ser de otra forma cuando se trata de un pueblo con una cultura ancestral que no olvida sus raíces y por ello no pierde su identidad. Por eso no reconozco a «mis» cabrerienses, cuando los definen de manera ofensiva y vergonzosa sólo porque en su territorio es donde se matan vacas «salvajes». Y yo me pregunto quiénes son realmente las víctimas: las vacas abatidas a tiros por gente que no es de la comarca, o los cabrerienses que tienen que padecer la invasión de «domingueros» vestidos de «Rambo», ver estupefactos cómo matan animales de los que viven y con los que conviven y, para más «inri», soportar comentarios jocosos siempre ofensivos acerca de sus personas únicamente por ser nativos de La Cabrera. No está en mi ánimo entrar en polémicas ni de fondo ni de forma del tan aireado asunto de las vacas «salvajes», simplemente lo que pretendo es romper una lanza a favor de los habitantes de esta comarca y desde aquí decir «Basta ya» «Nunca mais» que «La Cabrera también existe», pero no sólo en campaña electoral. Isabel Moreno Cruz (La Bañeza). Francisco Redondo García dice en su mensaje: «Me dirijo al alcalde de León quien últimamente nos ha obsequiado con unas señales de tráfico de prohibido aparcar para no entorpecer el certamen de bandas de cornetas y tambores de Semana Santa; pero no se quieren dar ni cuenta que hace casi cuarenta días que el personal de limpieza brilla por su ausencia. ¿Qué tenemos que hacer los vecinos además de protestar y no recibir el servicio ya cobrado por el Ayuntamiento? Me refiero concretamente a la calle Órbigo de los números 2 al 14, entre la calle San José, que es un paso obligatorio a la calle Esla, para que las citadas bandas puedan acceder al recinto del Colegio Antonio Valbuena. Repito que hace cuarenta días que el servicio de limpieza correspondiente a León no se digna a limpiar lo que le corresponde». José Manuel Flecha del Pozo, Boli, dice: «No hay cosa más estúpida que un político tratando de explicar el hundimiento de una ronda, la Ronda Sur de León, a causa de las lluvias. Sólo hay una cosa más estúpida, que es 183 políticos tratando de justificar un ataque a un país tercermundista. Las dos cosas son estúpidas, pero una mucho más que otra».

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