Publicado por
Pedro Crespo
León

Creado:

Actualizado:

A sus 86 años, sir Francis Crick, premio Nobel, coautor (junto a James Watson) del descubrimiento de la estructura helicoidal del ADN y abuelo de la moderna Genética, es un descreído absoluto, o un no creyente esencial. El trabajo de Crick y Koch, publicado en el último número de la revista Nature Neuroscience, ha levantado una cierta polémica entre numerosos sacerdotes científicos y otros especialistas que no participan de ningún tipo de religiosidad. Por su parte, la directora de la Royal Institution de Gran Bretaña, la profesora Susan Greenfield, advertía del hecho de que la ciencia se ha convertido en una nueva religión para algunos científicos. Negar la existencia del alma es, por otra parte, una actitud, a medio camino entre lo filosófico y lo científico, que ha sido adoptada por infinidad de científicos y de filósofos en los últimos cien años, mientras otra infinidad semejante buscaba métodos para conciliar los procedimientos científicos con el pensamiento religioso. Hace más de cuarenta años, en algunos colegios de enseñanza media regidos por órdenes religiosas, se exponía a los alumnos de los últimos cursos, una definición conciliatoria de la presencia e intervención divina con el desarrollo, que se adivinaba imparable, de las ciencias y de la tecnología que les acompañaban. La ciencia -decían- puede llegar al conocimiento de la instalación integrada en nuestro cerebro, que puede ser más o menos complicada, como el cableado eléctrico que comunica el interruptor con la bombilla. Para los científicos con creencias religiosas, sería el dedo de Dios quien actuaría sobre el interruptor, permitiendo que la bombilla se encendiese. Además de que podría intuirse la huella de ese mismo dedo en la creación del cable, del interruptor, de la bombilla y, especialmente, de la propia energía eléctrica. Con todo, parece que sir Francis quiere añadir un brillo especial a la celebración del cincuentenario de su hallazgo.

Cargando contenidos...