Publicado por
Federico Abascal
León

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Latoma/ocupación de Bagdad por el ejército angloamericano anuncia el próximo fin de la guerra, pero también, y de modo concluyente, el inicio del nuevo orden mundial, la «pax» americana. Colin Powell se encargaba ayer de reiterar lo que lleva semanas siendo evidente, es decir, que el nuevo orden responderá al diseño de Estados Unidos y al guión que en cada circunstancia redacte el equipo de Bush, que permitirá a organismos internacionales y países aliados representar en el escenario mundial papeles secundarios. Sería difícil explicar el éxito razonable de la huelga convocada ayer por UGT y de las movilizaciones estudiantiles en toda España cuando la guerra, contra la que se clama, está a punto de acabar. Tal vez se deba esa movilización incansable y enfervorizada a que la posguerra horroriza a la sociedad, o a amplios sectores sociales, tanto o mas que la guerra, pues el problema de la reconstrucción iraquí parece menor que el de ajustar los principios y las ideas individuales al nuevo orden mundial. Ya se sabe que a las Naciones Unidas les destina Washington un papel humanitario de altos vuelos, pero no el de representar y defender la legalidad internacional, que se vería asumido por la Casa Blanca y el Pentágono. El cambio que se avecina, abocetado ya en el pronunciamiento de Las Azores, supone obviamente un cambio en la moral planetaria, que habría de ajustarse a la doctrina unilateral de Estados Unidos cuando, hasta ahora, era fruto de debates y tensiones multilaterales, desarrollados generalmente en el foro de la ONU y en las bambalinas diplomáticas. No suelen ser exactas las comparaciones descriptivas, por lo que tal vez sea exagerado y hasta inconveniente decir que del nuevo orden mundial va a encargarse un «sheriff» que tuviera al juez secuestrado. Nadie duda de las habilidades de ese «sheriff», suficientemente demostradas en la invasión de Irak, pero se recela bastante de su afán justiciero, que no obedecería tanto a una circunstancia determinada, Irak o Afganistán, como a una doctrina de proyección duradera, de largo alcance. Aclimatarse al cambio moral que el nuevo orden va a imponer en las relaciones internacionales probablemente origine conflictos de diversa índole, morales, jurídicos y muy especialmente culturales y étnicos, por lo que la «pax» americana, más que un panorama pacífico, ofrecería un horizonte de vigilancia incesante y de lucha contra los infractores del orden. Convendría en estas circunstancias que los miembros del Gobierno español hicieran uso de la sensibilidad que atesoran para no tensar aún más la vida política y social con frases de cierta inoportunidad, hiriente a veces.

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