Próximas explosiones
Sólo existen dos soluciones para evitar que el sistema penitenciario español no entre en crisis: que aumente el número de cárceles o que disminuya el número de delincuentes. Resulta altamente preferible la última. Las cárceles son lugares tan desprovistos de confort que no se sabe cómo alguien se decide a pasar una temporada en ellas. Además, no es cierto que los presos le tomen cariño a las rejas. Hay que odiar el delito y compadecer al delincuente, a condición de guardar parte de nuestra piedad para el carcelero. En España vamos a necesitar muchos si la población reclusa crece al mismo ritmo de los años anteriores. Sólo en el primer trimestre de éste, la cifra de internos, sin contar la de mediopensionistas, se elevó en mil quinientos y pico. Las siete nuevas prisiones previstas para que todos tengan una vivienda digna tardarán un par de años en inaugurarse, así que muchas penitenciarias pueden estallar. Otra explosión, aún más temible, es la demográfica. Los que aún estamos libres tampoco vamos a caber. El fúnebre filósofo italiano Giovanni Sartori, que se está dando una vuelta por España, dice que la única solución posible es que frenemos el crecimiento de la población mundial. Más o menos lo que advirtió el buen clérigo Malthus, al que corrieron a gorrazos en su época. La teoría de que si los bienes del mundo son limitados la población no puede crecer sin límite, está llena de sensatez y, precisamente por eso, la rechazan los que no son responsables del aumento, ya que han hecho voto de castidad. Sartori, que es un poco cenizo, pone entre otros el ejemplo de Méjico, que en 1940 tenía 19 millones de habitantes y ahora tiene 100. De seguir así no habrá frijoles para todos, aunque no escaseen los miembros de los mariachis. Para el 2050, España será un Inserso: uno de cada tres compatriotas estará jubilado. Algo habrá que hacer, mejor dicho, que no hacer. Si la gente sigue invitando a venir al mundo a tantos desconocidos, con la excusa de que los trámites son agradables, habrá grandes explosiones. A muchos no nos preocupa. Lo que sea sonará.