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León

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Las elecciones afilan la mente, la van estrechando hasta que consiguen que la capacidad de diálogo se convierta en venablo. Lo ocurrido con el ya célebre vagón de la glorieta de Pinilla es como para poner colorados a muchos. Primero aparece, con nocturnidad y alevosía, en medio de la glorieta, como si el proceso electoral fuera capaz de sembrar vagonetas de crecimiento rápido. Y, sin tiempo a enganchar la locomotora, se organiza un levantamiento popular encabezado por brocha leonesista. Dicen que tranquilos que se hará lo que quieran los vecinos. De verdad, los vecinos sensatos lo que no quieren ver es estos espectáculos...

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