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Venancio Iglesias Martín, Catedrático de Literartura en el IES Legio Séptima
León

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Cómo me mencionan los gestos y cuánto más suelen decir que las palabras! Un corte de mangas o una higa bien hecha dicen mucho más que un largo discurso acerca de la educación, sobre todo si, corte o higa se hacen al discursero. Un tío nos adelanta a 170 y hace el signo de cuernos desde la ventanilla de su golfgeteí, y mi amigo al volante de su ibiza le agita la corbata...-¿pero qué haces?- ¡hombre, cada cual enseña lo que su mujer le regala! ¡Los gestos! Los gestos son maravillosos por su ambigüedad. ¿Qué me habrá querido decir esa tía con la mirada? Tengo que reconocer además que la ambigüedad de los mismos me llena de una emoción que no llego a descifrar. Recuerdas, querido lector, la mirada acuosa y el gesto aquel de doña Matilde póntelo pónselo? Pues el gesto no se ha perdido y doña Charo Velasco anda repartiendo preservativos en Ponferrada. ¡Qué espectáculo! ¿A ver cómo le queda? Ah, de cine. Toma un par de docenas. Llevan impreso el puño y la rosa pero, cuidado donde lo metes. -¿...? -¡Pero, hombre, qué va a ser! El voto. -Que yo sepa hay una ranura en la urna... - Sí pero piensa en mí, querido votante Yo no me creía lo de la «erótica» del poder, pero ahora que se ha hecho la luz y me dan ganas de empadronarme en Ponferrada. O marcharme a Encinarejo en Córdoba, donde el candidato del Partido Andalucista promete viagra gratis. Eso son gestos y no los de Aznar con el dedo que apunta y no dispara o Joseluís moviendo arriba y abajo el agujero que modela con el índice y el pulgar, y da un gustirrinín verlo con tanta gracia mira usted señor Aznar usted y su partido siembran el miedo... Otro gesto-gesto es el beso: o sea, Aznar va y le da un beso a una anciana y la anciana le devuelve las cosquillas del bigote y le cepilla la caspa política del hombro y los dos tan felices. Mua, mua... sigue, hijo, España va bien. Ya sabes que tienes mi voto. El beso es el único fonema bilabial, oclusivo, sonoro que tiene detrás un extenso contenido erotopolítico. No es como el papa, un suponer, que sólo besa niños, no los besan porque no tienen voz ni voto, pero a las pensionistas y pensionistos, los tienen sujetos por la boca: o con un beso o con una promesa de pensión. Y ellas, sobre todo ellas, lo cuentan llenas de felicidad en la cafetería hija, yo no me resistí, cuando Zapatero empezó a mover el circulito de los dedos arriba y abajo me dieron unos sofocones que en cuanto lo pillé a tiro le di dos besos es que me lo hubiera comido porque ese gesto me trae tantos recuerdos del mí Pascual que en paz descanse. ¡Pero qué perezoso era el mí Pascualín! Las campañas políticas son como el noviazgo: lleno de gestos y promesas. Los políticos prometen y prometen hasta que la meten, la mentira, digo; pero cuando el noviazgo acaba, de lo prometido, nada. Ahora eso sí, soportan impávidos, con la mejor sonrisa, besos, abrazos, toqueteos ¡escolta, cuidado con esa que viene a meterme mano! ¡cuidado con el jubilado que tienen un aliento a cazalla que «desmaya»! Y España adquiere el color rosado de una casa de lenocinio. Si hay que bailar, se baila; es un privilegio bailar con usted señora, y qué joven se conserva usted ¿hace mucho que se jubiló? pues nadie lo diría porque tiene usted unas carnes muy bien puestas nosotros lo que queremos es mejorar las pensiones y sanear la seguridad social... ya sabe. Y su marido ¿ya sabe dónde la va a meter... la papeleta, digo? ¿Mi marido? menuda papeleta que tienen mi marido porque es del pepé y en campaña ni lo prueba, que una no transige en estas cosas, Así que por la noche, después de rezar al ángel villalva, digo al ángel de la guarda, le digo: - O votas a mi candidato a te vas a comer la rosca a otra parte y como el pobre... en fin, pa qué le cuento. Ahora anda pensando que la viagra gratis podría ser una promesa electoral como Dios manda. Y puntos que ganaría el pesoe. ¡Santo Dios! ¿Qué ganas tengo de que acabe todo! En un gesto de amor al país vasco, .e gustaría botar a Ibarreche, leche, por ver si se le arregla esa carona de chófer de la funeraria -¡hala, jubilado!- pero me conformo con un beso de Aznar y un achuchón de Zapatero... Por cierto, hablando de esos gestos tan eróticos, a todos y todas conozco un lesbiano y una homosexuala que no van a votar a nadie porque para ellos no hay promesas, ni besos, ni abrazos y menos, pellizcos y mordiscos y son tan votantes y más que cualquiera y cualquiero. Pero en cuanto abren la boca se les conoce enseguida de qué partido son: son del partido de los poetas, porque la poesía en otro tiempo se llamaba «gaya ciencia o gay saber». ¡Qué tontería! En fin, a lo que iba: a mí denme gestos si quieren el voto. Gestos, gestos, gestos. Gestos son amores y no buenas razones.

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