Agradecimiento al Hospital de León Ríos de luto, llenos de mugre y bazofia La muerte también tiene un precio Extravagancias en los juicios sobre el Papa Ofertas de empleo que llevan al 906
Pese al dolor de una pérdida reciente, los miembros de esta familia coincidimos en que, junto a la tristeza, nos queda un sentimiento de tremenda gratitud al personal del Hospital de León. Durante tres meses de enfermedad y lucha nos brindaron sus conocimientos, su cariño, atenciones y consejos que mitigaron nuestro sufrimiento. Desde el equipo que dirige el doctor Ángel Martínez hasta el de las doctoras Pedraza-Castañón, pasando por el doctor Manuel Carlos, María José y Candelas. Y las doctoras Isabel Suárez, Marisa de la Hoz, y enfermeras. A todos, gracias. Esposa, hijos y nietos de Juan Reguera Gómez (León). Un lector de este periódico, al que le doy las gracias por sus sinceras palabras, me comunica en un «e-mail» lo mal que se encuentran actualmente nuestros ríos leoneses, llenos de basura. No tienen aliento, ni vigor, porque la vida es transparencia. En ellos se vierten residuos de todo tipo: domésticos, industriales, agrícolas... Por sus palabras me doy cuenta que ya no es posible beber en los cauces cristalinos, ni bañarse con la luna reflejada en el agua y el sol en los labios, ni vivir las atmósferas del verso, que antaño fueron tan níveas como el universo y tan vírgenes como el aire. La pureza se ha ido perdiendo, con el andar del tiempo y del hombre, afanado más en el progreso que en la vida. El galope asfixiante de actuaciones ha generado un mar de vertidos contaminantes que nos han amortajado de por vida. Los ríos son rías de mugre y bazofia, por donde ya no es posible respirar o reencontrar el amor. Todo huele a tristeza y hasta el cielo es un manto de luto. Se precisa revisar seriamente nuestro estilo de vida. Hay, pues, una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente, y con nuestros ríos. Es una educación que debe partir de todos, y que han de potenciar los alcaldes de todos los pueblos; aunque la primera educadora, de todos modos, es la familia, en la que el niño aprende a respetar al prójimo y a la naturaleza; no está demás, que las instituciones, no sólo vociferen en las campañas publicitarias, sino que también sean ejemplo. Apostar por la conversión ecológica es apostar por cada uno de nosotros, por cada uno de nuestros ríos, que han de levantar su voz etérea en todos los cursos de la corriente, para que nos donen su amoroso refrigerio y su mística armonía. Víctor Corcoba He- rrero (correo electrónico). La semana pasada se murió mi vecino Vicente y aunque era buena persona, esto no es un panegírico. Como muchos más, tenía un seguro de decesos. Llamada la aseguradora, rápidamente se presentó en San Juan de Dios una representante de la compañía. Hasta ahí todo bien. El problema surgió cuando la familia expresó el deseo de llevar al finado al tanatorio Los Jardines, y la citada señorita dijo que de ninguna manera, y entre otras razones adujo que ese tanatorio era mucho más caro que el otro y que Santa Lucía no se hacía cargo de la diferencia de precio, que lo tendría que abonar la familia. Después de un rifirrafe un tanto subido de tono y viendo que no podía salirse con la suya, marchó diciendo que hicieran lo que quisieran. Después de unos minutos, se ve que reflexionó, llamó por teléfono para decir que todo estaba arreglado. A todas estas ya la familia había ido a Los Jardines y por su cuenta lo había solucionado. Allí, muy amablemente, les atendieron y les explicaron lo que ya sabían, que con su póliza tenían derecho a todos los servicios, y así fue. Lo indignante es que aprovechando unos momentos de dolor y confusión en una familia, en lugar de facilitar las cosas, vienen unas personas como aves de rapiña y se lanzan sobre la presa, ignoro con qué interés, pero lo puedo imaginar. Son desalmados y carroñeros, no comprendo cómo tienen estómago para esas acciones, y creo que cualquier animal, por salvaje que sea, tiene más sentimientos. Sé que el trabajo anda mal, pero antes de aceptar uno de ese tipo me muero de hambre, no se juega con los sentimientos de las personas. ¡Y pensar en lo tierno que me resultaba el anuncio de la tele con los ositos jugando en la nieve! M. Becerra Fernández (San Andrés del Rabanedo). Se ha dicho que Juan Pablo II es progresista en lo económico,conservador en lo ideológico, avanzado en lo social, izquierdista en lo político, integrista en lo moral, moderno en lo filosófico, etcétera. Como si el Papa fuera economista, político, sociólogo, etcétera. Como católico que soy, común y laico, pienso que se cometen extravagancias de juicio. Pues el tema de este Papa y el de todos no es otro que la doctrina y obra de Jesucristo. Lo anecdótico y personal es secundario. Pienso que coherentemente no se puede olvidar el significado y razón de serl del Papa, capacitado por el mismo Cristo (capacitado Pedro y el grupo apostólico para sus sucesores) para valorar los actos humanos desde la ética cristiana; valorar todas las actividades del hombre en sus múltiples variedades y matices coyunturales del transcurrir histórico; valorar moralmente desde la doctrina única del Evangelio -que no por cristiana deja de ser natural, evidentemente o, si se quiere, interpretación natural-. Por lo demás, parece claro que la doctrina hay que tomarla en su integridad para evitar peligros de fundamentalismos, errores o confusiones asumidas o proyectadas en los demás. Para el caso del aborto, por ejemplo, el Papa proclama el valor de la vida del hombre, y se entera por la ciencia del momento en que hay vida humana. C. Alaiz (León). Juan Ignacio Santos Asdrúbal dice en su mensaje:«Me encuentro en el paro y me quejo por la cantidad de anuncios que se publican en la sección de trabajo, a los que llamas y te derivan en un 906. Creo que esto se debería controlar más porque están engañando a mucha gente trabajadora. Les estoy hablando, por ejemplo, del periódico del día 16 de mayo, en el cual se encuentran por lo menos cuatro o cinco anuncios en los que llamas a un móvil y alguien te dice que si quieres alguna explicación llames a un número 906. Creo que se debería controlar este tema. Se está facilitando una gran estafa para la gente que estamos buscando trabajo».