Diario de León
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León

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DE la cambiante noche electoral creo que pueden extraerse tres enseñanzas principales, a saber: Primera, el pueblo español es políticamente bastante estable y con una fuerte tendencia a la moderación. Pocas precampañas y campañas han sido más estruendosas que ésta, en pocas se ha utilizado tantísima demagogia. Pero al final el llamado efecto Prestige no ha existido apenas (en Muxía ganó el PP por mayoría absoluta), y la guerra de Irak, utilizada como elemento de presión en la misma jornada electoral en no pocos sitios, ha resultado prácticamente irrelevante. En cambio, el Plan Hidrológico ha pasado varias facturas: al PP en Aragón, pero también al PSOE en Murcia y en la Comunidad valenciana. Segunda, los partidos nacionalistas tienen una dimensión localmente significativa, pero más bien modesta, sobre todo en cuanto no existe un apoyo coactivo. Por ceñirnos a capitales de provincia, CiU gobierna sólo en Tarragona, el PNV sólo en Bilbao, y el BNG sólo en Pontevedra, y en las tres ciudades necesitan de apoyos externos (a veces tan exóticos como el de Izquierda Unida al PNV y EA) para poder mantener la alcaldía. Tercera, el Partido Socialista ha resurgido de su honda crisis, y el PP ha mostrado su fortaleza, más visible en la medida en que en casi todas partes ha necesitado la mayoría absoluta para poder gobernar. Esto significa, a mi entender, que el famoso bipartidismo imperfecto se consolida entre nosotros. Eso que llamamos centro sigue siendo el territorio por el que luchar. Conclusión: Menos chillar, y más seriedad es lo que hace falta.

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