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FEDERICO ABASCAL
León

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EN EL PSOE hay opiniones muy dispares sobre los resultados del 25-M. Ciertos sectores socialistas no acertarían a disimular una serena amargura por las ilusiones frustradas en algunas ciudades y autonomías. De ahí que la reunión de su comité federal, convocada para mañana, se espere como una especie de asamblea aclaratoria. Nadie va a cuestionar el éxito de los barones Ibarra y Bono, en Extremadura y Castilla/La Mancha, respectivamente, y hasta del aragonés Iglesias, barón menor, pero difícilmente se vería libre Zapatero de una rociada de alusiones nada elogiosas. El liderazgo del secretario general no va a cuestionarse, pero la fortalecida personalidad de Bono e Ibarra, más la añoranza de ciertas figuras preteridas, a las que Zapatero habría desdeñado -Javier Solana, por ejemplo, como candidato a la alcaldía de Madrid-, señalarían una diversidad de zonas de influencia en el partido. El despacho de Zapatero en la sede de Ferraz seguirá siendo el punto de referencia en el PSOE, pero en el diseño de la estrategia socialista podrían intervenir algunos disconformes. Un deseo ferviente de Zapatero es el de convertir la Comunidad de Madrid en pantalla de su política para toda España, lo cual no dejará de producirle algunos sinsabores, pues Simancas, de orígenes guerristas, aunque insuficientemente valorado en tiempos por el guerrismo, pretendería desarrollar una política de izquierda, eso sí, más bien suave, siempre que pueda resistirse la presión de IU, con la que formará coalición de gobierno. Y ahí surge un dilema, pues mientras Bono aconseja/ordena que el partido se extienda hacia el centro, para arrebatarle votos a la derecha, Ibarra propone una recuperación de las esencias socialistas, versión socialdemócrata. Y Zapatero, en el medio. Debería entender el PSOE, y Zapatero lo habría sentido en su propia carne al analizar los mensajes del 25-M, que los electores han modificado sus pautas tradicionales de comportamiento, como demostraría la evidencia de que los manifestantes contra la guerra de Irak no sentían comprometido su voto por el hecho de manifestarse. Aunque el comité no cuestione a Zapatero, parece cierto que la figura del secretario general se ha debilitado ligeramente en estas elecciones, más que por las frustraciones socialistas por el fortalecimiento de los barones clásicos y la añoranza de antiguas personalidades preteridas.

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