EL MIRADOR
Consigna: cazar a Zapatero
ALGUIEN, en un determinado momento, debió de dar la consigna de iniciar la caza de Zapatero, bajo la acusación de falta de liderazgo y de conflictividad interna de su partido. El asunto no es difícil para quienes tienen en sus manos el poder de decidir sobre todas las cosas y además cuentan con un acompañamiento mediático muy importante. El líder del PSOE y sus colaboradores se las ven y se las desean para luchar contra ese clima artificial que se crea en torno de los mismos. Eso ya se había intentado desde el mismo instante en que Zapatero salió elegido secretario general y se repitió en los momentos en que la opinión pública se ha estado inclinando claramente en su favor, y no digamos ya en los meses de la guerra y demás desgracias que nos han tocado vivir. Ahora esos intentos vienen facilitados por el suceso de Madrid, cuando algunos tratan de convertir a las víctimas en culpables y viceversa. Yo no sé en qué acabará todo esto. Sólo hay que preguntarse si el pecado de haberse dejado meter dos traidores en la lista de Madrid es más grave que todos los grandes desastres que nos han machacado durante los últimos doce o trece meses. Si se llegase a tan injusta conclusión, entonces es cuando habría que preguntarse con toda seriedad, e incluso con dramatismo, qué está pasando aquí. Si las previsibles elecciones repetidas para la Asamblea de Madrid diesen un resultado distinto al del 25 de mayo y si en las generales de marzo próximo no se produjera ningún cambio, entonces seguramente sería legítimo concluir que tal cambio ya no se producirá jamás. Pero todo esto son futuribles y conjeturas para estar advertidos, pues no parece muy razonable pensar que al final todo eso vaya a producirse. Puede incluso pensarse que si muchos parecen haber olvidado los horrores de la guerra de Irak y el papel del Gobierno español, entre otras muchas cosas terribles, sería normal que pronto se olvidara también el fiasco de Tamayo y Sáez. ¿O de nuevo la ley del embudo hasta en las convicciones?