SIETE DÍAS
Tiempo de mudanza y pasión
EL GOTEO de nombramientos de altos cargos de la Administración regional (donde el secretismo que practica Herrera sólo es comprable al ya célebre de Aznar) y las luchas intestinas por ocupar sillón en el Palacio de los Guzmanes o en el Senado, traen estos días muy ocupada e intranquila a la clase política. El pueblo asiste divertido a las peleas de unos y otros. Naturalmente el espectáculo más llamativo se sitúa en el escenario del PP, por la sencilla razón de que son más los actores y, consecuentemente, también es mayor la pléyade de tramoyistas, los que empujan desde el fondo de las cortinas a la espera de ser recompensados también algún día por los favores practicados. La elección de los 25 diputados provinciales siempre ha sido motivo de airada y llamativa disputa. Probablemente un tanto magnificada por los medios de comunicación porque el sistema de elección indirecto provoca que el navajeo se practique a destiempo, sin otras guerras en las que compartir la atención, cuando ya en el resto de las instituciones se han apaciguado los ánimos electorales. El incongruente sistema de elección de los diputados tiene la culpa. Para los lectores menos avezados en lides políticas recordaremos que los diputados provinciales responden a una circunscripción electoral que no cuenta para ningún otro comicio: el partido judicial. Los votos sumados de todos los municipios de dicho territorio en la elección de los alcaldes, determinan la distribución del número de concejales que serán nombrados a su vez diputados provinciales. Sin embargo, la ley no obliga a los partidos políticos a hacer públicos los nombres de los candidatos antes de las elecciones. No hay listas y eso supone de hecho una conculcación de la práctica democrática, puesto que se hurta al ciudadano la transparencia exigida al no conocer a la persona que finalmente resultará agraciada con su voto ciego. El mensaje de los partidos, con este juego, resulta sutil y tentador para demasiados aspirantes: «primero vamos a ganar los sillones municipales y después vosotros, los concejales, decidiréis los nombres de quienes ocuparán los cargos de la Diputación». Una auténtica bomba de relojería. En la mayoría de los casos las respectivas direcciones de los partidos políticos designan a los candidatos a la Corporación Provincial y los concejales se limitan a cumplir un trámite burocrático: convalidar lo que otros deciden. Las disputas, con frecuencia intensas, se solventan de puertas para adentro. Pero no siempre, claro. Y esto es lo que ha ocurrido en el PP leonés, donde la gresca ha sido escenificada ante el público con dos protagonistas sorprendentes, por cuanto en teoría ambos fueron comisionados por los afiliados en el último congreso provincial del partido para poner orden y no para fomentar la división. López Benito y Ángel Escudero, presidente y secretario general del PP, respectivamente, apadrinaron a candidatos diferentes para ocupar los sillones de diputados provinciales por la demarcación del Bierzo. Venció Escudero, pero la victoria no colmó sus aspiraciones, Inmediatamente pidió la dimisión de López Benito, quien replicó que únicamente se irá si no tiene el respaldo de la mayoría de la treintena de miembros que conforman el comité ejecutivo. Escudero no acepta el reto de López Benito. Está convencido que su posición es la perdedora porque el presidente del partido, usando las prerrogativas que el cargo le otorga, ya se ha ocupado, denuncia el rival, de colocar en el órgano de dirección a un nutrido grupo de personas que le son afines. Y devuelve el órdago: puesto que ambos lo han hecho mal, los dos al mismo tiempo deberían de renunciar a los cargos que ocupan en el partido. Una gestora se ocuparía después de la convocatoria de un congreso. Expertos en lides políticas creen que la solución no es ninguna de las dos y recriminan a Benito cierta bisoñez al plantear una salida que presupone la quiebra del partido. Un comité ejecutivo plebiscitario para responder a la pregunta conmigo o contra mí, se entiende como un juicio sumarísimo con Escudero como víctima y presupone ahondar la crisis. El enfrentamiento subiría a cotas todavía más peligrosas. Resulta una temeridad constituir el Grupo Popular de la Diputación con dos bandos que resultarían irreconciliables después del espectáculo gratuito de la picota que se propone. Así que las mentes más experimentadas en crisis políticas abogan por la estrategia de la conciliación, la integración, la suma de voluntades y recomiendan a Benito que rectifique lo que podría intepretarse como estéril, temerario e inoportuno rasgo de soberbia. Se evitaría también de esta forma el bochornoso espectáculo de una convocatoria que se realiza con el riesgo de no ser respondida por una parte muy importante de los convocados si se mantienen como único punto del orden del día del Comité prácticas de juicio sumarísimo. No tiene el PP la exclusividad de la discrepancia. La designación del secretario provincial de Organización del PSOE, José Giménez, como senador en representación de la Comunidad autónoma ha sido criticada por el alcalde de Mansilla, José Ramón Tuero. El máximo responsable de los socialistas leoneses, Miguel Martínez, ha recomendado al objetor que sus discrepancias no las haga públicas a través de los medios de comunicación, si bien tampoco le ha prometido el logro de mejores resultados si discrepa sin altavoces públicos. Muy distinta es la respuesta ante la decisión del PP de situar en el Senado, también como representante autonómica, a la exconsejera de Economía, Isabel Carrasco. Quienes conocen su talante y su desbordante capacidad de trabajo, están convencidos de que Isabel Carrasco supondrá un revulsivo para una Cámara aquejada de artrosis parlamentaria. Isabel Carrasco es persona de más acción, ejecutora de proyectos ambiciosos y, por lo tanto, candidata, sin duda, a otras responsabilidades en un futuro no lejano. La clave estará en lo que le ocurra al PP en las elecciones generales del próximo mes de marzo o en el plebiscito de la remozada Europa de la Constitución propia meses más tarde. Isabel Carrasco es una de las personas que mejor conoce los vericuetos comunitarios. Lo ha demostrado en su etapa como consejera, habiendo sido aval definitivo de muchas inversiones millonarias en Castilla y León. La ciudad de León, como ejemplo, no sería la misma sin su aportación en la consecución de las ayudas finalmente recibidas. Sus críticos le recriminan excesivo apasionamiento y hasta dosis de visceralidad, algo que probablemente no casa con una concepciòn florentina de la política pero que resulta argumento positivo cuando no es en el debate de salón donde hay que fajarse si no en la gestión y en los resultados como meta. En todo caso, Isabel Carrasco ha cubierto una etapa brillante en el gobierno regional. Se va con el orgullo del deber cumplido y antes de que la simple permanencia la sellara con el marchamo del quemado. Al sucesor le deja una caja saneada y un protocolo de reparto del dinero que seguramente no contentaba a ninguna de las consejerías, pero que precisamente en ese descontento estaba el reconocimiento de su mayor virtud.