Diario de León
Publicado por
RAMÓN PI
León

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LA IMPUDICIA con que en la ciudad de Marbella, y también en su entorno más próximo, habla la gente del dinero que trincan unos u otros regidores municipales a cuenta del urbanismo es el mejor análisis político de lo que sucede no ya en el turístico enclave, sino en multitud de municipios del país. Incluso en algunos bien modestos, aunque es en los más grandes donde se generalizan estas actuaciones lamentables. El poder municipal para calificar el suelo, para otorgar o denegar licencias, para modificar decisiones de apariencia estable, es una de las principales fuentes de financiación no sólo de los Ayuntamientos, sino también de los munícipes de todo pelo. Todos saben que hay varios modos de suprimir la causa de esta corrupción gigante, pero parece que todavía no ha nacido el que corte de un tajo este nudo gordiano. El pretexto que generalmente se pone para no hincar el diente a este asunto es que la financiación municipal se vería muy seriamente comprometida. Pero son pocos los que se han tomado la molestia de estudiar el destino de los recursos de los ayuntamientos, y de comprobar que hay multitud de actividades municipales duplicadas, triplicadas o cuadruplicadas que, si los ayuntamientos no realizasen, no ocurriría absolutamente nada. Claro es que, entonces, ocupar cargos en la Administración local dejaría de tener el atractivo que tiene actualmente, y acabarían ahí sólo los mediocres irremediables, con el previsible resultado de la degradación de la vida local. La cuestión, pues, parece residir en elegir. ¿Qué preferimos: unos ayuntamientos pobrecitos llenos de mediocres honrados, o unos municipios realmente prósperos llenos de granujas? Esto es todo un dilema, que, como se sabe, es una alternativa cuyas opciones son todas malas.

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