TRIBUNA
Política y moral
DESDE que el hombre vive en la Tierra se las ha ingeniado para hacerlo lo mejor posible. Por eso nacieron las profesiones como método para conseguir los ingresos necesarios para sobrevivir. Los padres, en su mayoría, han hecho y siguen haciendo esfuerzos y no pocos sacrificios para que sus hijos estudien una carrera universitaria que les facilite la vida el día de mañana. Esos padres no se han sacrificado para que los hijos se lo agradezcan, sino porque lo consideran una obligación por el simple hecho de ser padres y su mayor satisfacción es ver a sus hijos bien situados economicamente En el transcurso de la vida el hombre vive generalmente de una profesión que estudió o que aprendió en su juventud. Lo ideal es trabajar en lo que se desea y gusta, ya que la satisfacción es doble: recibe lo que necesita para vivir y disfruta con lo que hace. Desgraciadamente, muchos se ven obligados a trabajar en cosas que no gustan porque no encuentran el trabajo que desean. Algunos de los que tienen la suerte de trabajar en lo que les gusta, en lo que creen, son precisamente los que han logrado las mayores metas en la historia de la humanidad. Así se forjaron personajes como Goya, Ramón y Cajal, Adenauer, Einstein, etcétera. Seguramente Goya no hubiera sido un gran médico, ni Ramón y Cajal un gran pintor, ni Adenauer un gran físico y tampoco Einstein un gran político Existe una profesión de una larga tradición, pero que hoy está tomando una gran importancia para el funcionamiento de un país: la política. En principio, habría que decir que la política es una profesión más pero, por suerte en unos casos y por desgracia en otros, no es así. La política es en esencia el arte de gobernar y crear leyes para mantener la seguridad pública, conservar el orden público y buenas costumbres. Por esto es necesario que la política deba estar unida a la moral. Moral es la ciencia que trata del bien en general, que no concierne al orden jurídico sino al fuero interno y al respeto humano. En España tenemos además democracia, que es el estado ideal para ejercer la política con plena libertad. Actualmente hay en nuestro país muchos miles de personas que tienen como profesión la política y muchos viven de ella. El principio básico del político es servir a los demás y nunca para beneficio propio. pero, ¿esto es así? Me temo que no. Si analizamos la historia de los últimos tiempos comprobaremos que la moral no existe ni en las personas ni en los partidos. Las excepciones, muy escasas, confirman esta afirmación. ¿Cómo es posible que puedan ocupar el puesto de alcalde personas de tanta bajeza moral como los últimos que ocuparon este puesto de Marbella? ¿Cómo es posible que se originen casos como el de la Asamblea de Madrid? ¿Cuántos miles de millones se escapan al control de los ayuntamientos en la recalificación de los terrenos municipales? ¿Qué explicación tiene que en las elecciones de los últimos diez años casi el único programa de los partidos ha sido la descalificación del contrario en lugar de presentar un plan de actuación atractivo y realista? La explicación es que sólo se persigue el poder para beneficio propio, sin que las necesidades y los problemas de los votantes importen lo más mínimo. Los recientes acontecimientos de Marbella y Madrid no tienen nada que ver ni con la política ni con la democracia. Por el contrario, son actos bochornosos, síntomas de una corrupción generalizada, indigna de un país civilizado como quiere ser el nuestro. Estas cosas debieran avergonzar a los políticos decentes, que sin duda los hay, e intentar poner todos los medios a su alcance para que no se repitan. El pueblo no puede ni debe sufrir las consecuencias de unos cuantos impresentables, incapaces de ver más allá de su egoísmo. Sólo una buena gestión por parte de personas decentes y honradas puede hacer próspero y feliz a un pueblo. Los partidos políticos debieran hacer una profunda reflexión. Las cosas no pueden seguir como hasta ahora. El todo vale para conquistar el poder es inmoral. Es lícito y hasta obligatorio que los partidos intenten alcanzar el poder, pero para ejecutar sus programas de gobierno, no para satisfacer apetencias personales y menos para enriquecerse ilicitamente. Deben cumplir y hacer cumplir las leyes. Leyes que en España no se están cumpliendo como todo el mundo sabe y dice. Para ello es imprescindible elegir a las mejores personas, a las que tienen capacidad y voluntad de hacer las cosas conforme a la más estricta moral humana. No se puede uno imaginar que le puedan dar a alguien el título de médico y el poder de ejercer la medicina sin unos exámenes reglamentarios. La profesión de político es tan importante y tan digna que solamente personas íntegras debieran ejercerla. Al igual que con los médicos, a los políticos se les debería hacer las pruebas de aptitud que sean necesarias.