AQUÍ Y AHORA
Los tocapelotas
EN POLÍTICA, los tocapelotas son la salsa que anima un plato árido y casi siempre agresivo y descalificador. «¿Qué hacemos con nuestros hijos?», preguntaba un orador en el Parlamento de la República. «Al suyo ya le hemos hecho subsecretario», decía un tocapelotas de entonces. Ahora los tenemos de todo tipo y condición. Luis María Ansón lo hace con gusto literario y un poco de canela fina, lo que da un toque erótico. Aznar lo hace de manera abrupta, directa, sin recovecos. Cristina Alberdi lo ha hecho con los dirigentes del PSOE y aunque no ha acertado en el momento y en la reiteración, ha venido a demostrar que los partidos no quieren en sus filas a nadie que piense o que discrepe. Lo que ellos hacen no permiten que se lo hagan. Tocapelotas fue aquel que dijo que «Landelino estaba expuesto», aunque no anduviera descaminado. Ibarretxe lo hace sin tacto y Maragall sin la sorna que emplea Pujol. Pero en el PSOE está, acaba de reaparecer hace unos días, el tocapelotas más tocapelotas de los últimos treinta años, Alfonso Guerra, al que muchos de sus compañeros ponen a bajar de un burro. No parece que esté en su mejor momento de inspiración y lo demuestra su última y estúpida ocurrencia. Alfonso Guerra no dejó vivo a un político de la derecha y sus compañeros le reían abiertamente las