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León

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LOS CANDIDATOS a las próximas elecciones están unidos por una misma posición coyuntural: ninguno de los dos resistiría, probablemente, una derrota. La de Rajoy provocaría, si no el retorno de Aznar. La de Rodríguez Zapatero alzaría con toda probabilidad las ambiciones de quienes aspiran a ocupar su puesto, con José Bono en primer lugar pero no, desde luego, en solitario. Esta evidencia conferirá a las elecciones cierto dramatismo, del que no tiene por qué participar la ciudadanía. Pero la fragilidad de ambos candidatos aporta un elemento nuevo a nuestra vida pública: quizá en el futuro ya no tengamos liderazgos perdurables y decisivos para la vida de los partidos sino una rotación más rápida de políticos que basen en la eficacia y no en el carisma su ambición de poder.

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