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FEDERICO ABASCAL
León

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ZAPATERO está rompiendo amarras con su estrategia de suave oposición pactista. Ayer anunció ante los diputados y senadores del PSOE que el pacto por la Justicia, supuestamente incumplido por el Gobierno, está a punto de volatilizarse, pues los socialistas no deberían tolerar ni su incumplimiento ni su utilización espuria por el PP. Según Zapatero, la política del PP en esta legislatura carece de escrúpulos, por lo que el PSOE tendría el deber moral de lanzar una ofensiva, en este caso parlamentaria, para corregir, entre otros errores populares, la anómala situación de instituciones-clave para el sistema democrático. El líder socialista hubiera preferido normalizar la vida política mediante el diálogo con Mariano Rajoy, pero éste «no quiere o no le dejan», por lo que responde a los requirimientos de Zapatero con «el silencio administrativo». De ahí la ofensiva parlamentaria del PSOE, abriendo el debate sobre el modelo autonómico y presentando iniciativas para prohibir el uso con fines partidarios de símbolos que representan la unidad de España. Y la Constitución, fuera de la lucha política. No se observan nuevas críticas contra el PP en el arsenal de Zapatero, aunque se percibe ya en el vocabulario del líder socialista una retórica de agresividad creciente y, como novedad, más bien lógica, disparos, y no precisamente de fogueo, contra Rajoy. Las maneras suaves del secretario general del PSOE venían irritando, por otra parte, a la vieja guardia del partido, aunque ésta no lo demostrase, y al sector guerrista, sobre cuyo renacimiento empiezan a surgir hipótesis, y de ahí que Zapatero se sienta ya obligado a enseñar las uñas que hasta ahora mantenía ocultas en un guante de seda. Identifica así a Rajoy con los defectos de Aznar, pero sin que se haya comprobado aún si esos defectos, que hieren a menudo sensibilidades democráticas, agradan o disgustan al electorado del PP. El PSOE asoma la cabeza sobre la inundación mediática que produjo la sucesión de Aznar, y utiliza expresiones semánticas de laqueado ético, como al afirmar que los socialistas tienen el deber moral de responder con limpieza democrática a la política «sin escrúpulos» del PP. En la crítica no se puede ir más lejos. Las circunstancias han espabilado al líder socialista.

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