LA VELETA
Asomarse al exterior
LA GRAN política tiene dos aspectos: la política económica y la política exterior. Todo lo demás son ramas subordinadas y dependientes, en las que es más importante la capacidad de gestión que la inteligencia. La última ocasión en la que España fue tratada como una gran potencia fue en el Congreso de Viena. De allí pasamos a la nada. Durante la Dictadura, Castiella y Areilza hicieron más de lo que podía hacerse. En la transición, fue el Rey el mejor ministro de Asuntos Exteriores que tuvo nunca España, muy bien secundado por Pérez Llorca, que era un profesional. Leopoldo Calvo Sotelo no lo hizo mal y, con la llegada de los socialistas y tras los coqueteos de progresismo de salón, funcionó muy bien el tándem González-Fernández Ordoñez. En los últimos días el actual presidente del Gobierno a recibido al presidente francés, ha quedado excluido -lógicamente- de la reunión tripartita anglo-franco-alemana, ha visitado a Gadaffi, ha sido recibido por el primer ministro británico, hablará en Naciones Unidas y tendrá una entrevista con el presidente de Estados Unidos. Decir que nuestra política exterior está bajo mínimos es una estupidez tan grande como cuando algún forofo del PP afirma que la política exterior española comienza con la llegada de Aznar al Gobierno, con ese afán de Nuevo Testamento que padecen los políticos profesionales y que les impele, cuando llegan a un cargo, a cambiar hasta de chófer. En estos momentos, estar alejado de Chirac y de Schroeder no es malo. A Schroeder le quedan unos cortes de pelo en el poder (leáse lo ocurrido en Baviera) y Alemania volverá a apostar por el déficit cero, que es lo razonable y lo sensato, si queremos que nuestra economía goce de buena salud. Y si Blair dice que le parece muy bien la postura de Francia y Alemania, es porque, de momento, no le afecta a la libra esterlina. Lo de Gadaffi no es ninguna extravagancia. Ha sido una visita oportuna a quien ha dado muestras de pacífica sensatez desde que EE.UU. bombardeó el palacio presidencial. Gadaffi hizo de la necesidad virtud, y visitar a un virtuoso no puede estar mal visto.