Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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MIRA que le gusta al ser humano eso del truquín.  Autoengañarse . Ahora venden  fundas para forrar las cajetillas y ocultar así las advertencias de los males que produce el tabaco. El invento se le ocurrió a un listillo aerodinámico. Lástima de sabiduría mal encauzada, con su dominio de la psicología hubiera podido hacer grandes cosas por la Humanidad.  Quienes ya no me parecen tan listos son los compradores del invento. Por mucho que un señor feo se llame a sí mismo Brad Pitt, seguriá siendo feo, y además ligeramente tonto. Pues eso. El español siempre ha sido muy de «ojos que no ven corazón que no siente»; gran majadería, como casi todos los refranes,  salvo  «madre no hay más que una « y  «campeones, campeones, oeoeoe». . Vivimos rodeados de truquines, de malabarismos con la verdad. Bush no encuentra las armas de destrucción masiva y recurre al truquín: si no las tienen pudieron haberlas tenido o así se ha evitado que las tengan. Ibarretxe presenta su plan truquín. Una señora de compañía dice en la tele que ella no es puta, que lo suyo es ser extraordinaria. La línea que separa el truco de la tomadura de pelo es muy sutil. Pero dejémonos de mareos de perdiz. El tabaco es una droga legal. Dejarlo no depende únicamente de la voluntad del adicto, pues está enganchado a la metralla química, posiblemente desde la edad del pavo. Ya pueden ponerle bufandas a la cajetilla, que seguirá siendo portadora de muerte, por no hablar de los daños a los fumadores pasivos. Alguno dirá: «Niño, veme a por tabaco, y ponme el forro que me dan dentera los anuncios¿» Una vez agotado el falso discurso victimista sobre la intolerancia de los no fumadores, sólo queda el autoengaño, es decir, el truquín.  No hay mayor timo de la estampita que el que uno se da a sí mismo. Y ponerle fundas a los paquetes de tabaco para no ver las advertencias legales sobre los daños a la salud no es más que un triste chiste, que a nadie puede hacer gracia.

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