Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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COMO simpática forma de festejar el Día Internacional de los Animales, que tuvo lugar el pasado día 4 de octubre, los religiosos jesuitas se han arremangado sus negras faldas y, llevados por un sorprendente y simplista desprecio hacia cosas que no conocen, pues al fin y al cabo son de este mundo, han lanzado una soflama que parece pensada por el ideólogo más tontito del Ku-Klux-Klan. Mostrando la sabiduría de quien ha visto mucho y conoce las auténticas prioridades, la Compañía de Jesús critica en el último número de su revista la iniciativa del gobierno italiano, consistente en aprobar una ley penal de protección a los animales. Y justifican su rechazo con una argumentación que es como para grabar en piedra: los animales carecen de derechos a un trato digno pues, átense los machos, «no tienen alma». Y con adusta voz de recriminación maternal pretenden explicar este misticismo de supermercado que supone toda una pedrada a la razón. Dicen los jesuitas, en un alarde de piedad y compasión, que los animales no pueden compararse a los hombres, que son personas inteligentes, libres, conscientes, responsables y dotadas de un alma espiritual. En eso les doy la razón, pues aún existen categorías y diferencias entre mis gatos y George Bush. O, por poner otro ejemplo, entre Aznar y el inteligente periquito de mi vecina. Los jesuitas han minusvalorado la sensatez del silencio, dando muestras de su añoranza por aquellos felices tiempos en que se mataba a las mascotas a palos y el pecado estaba prohibido por decreto, olvidando que los animales nunca matan por placer, sólo al hombre divierte la tortura y muerte de sus semejantes. Así que intentemos preservar la higiene mental y haremos como si no hemos oído semejante bocado de cardenal.

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