LA VELETA
Insolencia
EL QUE NO llora no mama. El niño caprichoso que patalea ante los papás acaba consiguiendo el juguete negado al hermano obediente. El que no se anuncia no vende. Ser para decidir. Si es con ruido, con estrépito, mejor que mejor. Ganar por aburrimiento del contrario, etc. O sea, que la insolencia tiene premio. Sobre todo si viene envuelta en elementos coactivos: quien no traga debe atenerse a las consecuencias. Este es el quid. Si ETA no estuviera presente en el paisaje político de Euskadi, acobardando a los vascos insumisos al credo nacionalista, el Plan Ibarretxe sería una extravagancia recogida en las páginas interiores de un periódico. Y a la consejera de Educación del Gobierno vasco, Angeles Iztueta, la veríamos ridícula diciendo que «es algo natural» equiparar bajo el epígrafe de «inmigrantes» a extranjeros y españoles procedentes de otras comunidades autónomas. La racionalidad siempre pierde ante la irracionalidad si ésta se expresa desde la coacción y el chantaje, contando además con el desistimiento o la indiferencia culpable del respetable público. Y si la irracionalidad se responde con irracionalidad siempre ganará el que dio primero por aquello de que da dos veces. La acción vende más que la reacción. Efectivamente, entre quienes tratamos de descifrar con un mínimo de cordura el laberinto vasco prende con facilidad la idea de que no hay que entrar al trapo, sabedores de que ciertos mensajes calan facilmente en el resto de España pero resultan contraproducentes entre los votantes más cuerdos del PNV. ¿Qué hacer, qué decir, frente a esta barbaridad que consiste en considerar inmigrante a un niño que ingresa de nuevas en el sistema de enseñanza de la comunidad autónoma del País Vasco? Claro que es una cuestión nominalista, pero el nominalismo proyecta intenciones y sistemas mentales. Cierto: las cosas empiezan a existir cuando se las nombra por primera vez. No es inverosímil que finalmente un español sea tenido por extranjero en su propia tierra. Lo primero es nombrarle «extranjero» o «inmigrante» en los documentos oficiales. Por ejemplo, en una circular de la Consejería de Educación. La posterior controversia también servirá para afianzar la insolencia activa frente a la cordura reactiva.