SIETE DÍAS
Entre negro y oscuro
SEGURAMENTE más de un lector fue asaltado por la misma duda. En los dos últimos días, este periódico ha recogido en sus páginas el debate organizado por UGT sobre el presente y el futuro de la minería del carbón. Pues no, no era un error del periódico, no se habían incluido páginas repetidas del año 1995, por ejemplo. O incluso de antes. Lo que ocurre es que la situación sigue siendo la misma de entonces. Lo que pasa es que la minería del carbón soporta ahora de la misma incertidumbre que registraba cuatro años después de iniciarse la reconversión del sector. En algo sí se ha avanzado, sin embargo. Ya no existen dudas sobre la cacareada reindustrialización que se prometía. No hace falta ser exhaustivos, pero tal vez sea conveniente refrescar la memoria. La primera mina que se cerró en León fue Hulleras de Sabero, recién inaugurada la década de los noventa. Aquel cierre se llevó a cabo con el respaldo de los sindicatos representados en el comité de los trabajadores, que admitieron como propio un argumento empresarial aparentemente pragmático: cada día que pasa y la mina permanece abierta, la empresa pierde dinero. Cerrar la mina y propiciar la producción a cielo abierto, sin coste de mano de obra, provocaría, por lo tanto, el ahorro de una masa de dinero que se destinaría a crear empleos alternativos. Esta diagnóstico resultó falaz. Hoy Sabero es un pueblo sin minas y sin puestos de trabajo en otros sectores. La situación se ha repetido en otros muchos lugares de la provincia, donde los excelentes sueldos de las prejubilaciones encubren una situación dramática que aflorará a la superficie en toda su dimensión cuando las rentas improductivas que aún sustentan la vida económica de los pueblos mineros, desaparezcan con quienes las perciben. El proceso de reconversión ya se ha hecho. Resulta imposible rebajar los costes de producción y es sabido que cuando se habla del carbón no pueden ser utilizados los parámetros de una economía globalizada, donde el mercado es universal y los precios, por lo tanto, competitivos entre continentes. León produce en este momento una tercera parte del carbón que consumen las centrales térmicas instaladas en la provincia. Las empresas han realizado un proceso de ajuste de costes difícilmente superable y puede decirse que la provincia dispone de los mejores yacimientos, los más rentables y de calidad de España. Aún así, resulta imposible competir con los precios del carbón que se produce en países donde la mano de obra es muy barata y la inversión en seguridad temeraria. Empresarios y sindicatos coinciden en afirmar que las minas de León no tienen posibilidades de sobrevivir con el carbón a precio libre. Por esta circunstancia, lo que se reclama es que la producción actual sea ya catalogada como reserva estratégica, el volumen de carbón que España ha de producir por dos razones fundamentales: garantizar en mayor medida el autoabastecimiento energético, disminuir la dependencia de otros países, y atender a las exigencias sociales de unas zonas condenadas a la despoblación si se cierran las minas. El último destello de alarma llegaba precisamente el pasado miércoles, cuando se conocía que la tasa de paro en León, con un 9,13 por ciento, supera las medias nacional y autonómica. El reclamo de la reindustrialización ya no tiene venta, ya no es creíble. Todo lo que se ha prometido se almacena en el cajón del fracaso. Unicamente se podrá crear industria en las cuencas si las explotaciones mineras continúan activas. Las empresas eléctricas anuncian mejoras que permitirán el mantenimiento de los grupos de producción de energía térmica. Pero no parece tampoco justo que sean las que hayan de asumir la diferencia de precios del carbón nacional e importado cuando desde el Gobierno se impulsa un proceso imparable de liberalización del sector. En definitiva, es necesaria una mayor claridad. Esta ha sido una de las demandas en la que todos han coincidido. Eléctricas, sindicatos y empresarios reclaman del Gobierno un nuevo Plan Energético, que fije las obligaciones de cada parte. Incluso el ex ministro Luis Atienza, uno de los protagonistas fundamentales de la reconversión del sector en la pasada década, reclama también ahora mayor implicación de las administraciones públicas, compromisos a largo plazo para que las empresas sepan a qué atenerse y para que no se muevan en la incertidumbre a la hora de planificar sus inversiones. Otra de las exigencias planteadas tradicionalmente, aunque seguramente con escasa fuerza, ha sido la compensación económica por parte de aquellas regiones de España que consumen la energía que aquí se produce. Demanda de Castilla y León también recurrente que ya ni siquiera suscita debate. No sabemos qué vamos a hacer, pero lo vamos a hacer. Este podría ser el resumen de la reunión que mantuvieron el miércoles los portavoces de los partidos políticos con representación en la Corporación Provincial. El objetivo de este encuentro, que responde a una iniciativa de la UPL aprobada por el Pleno de la Diputación, era la creación de un órgano de defensa de los intereses de la provincia bajo el enunciado de Fundación Cortes de León. Se pretende alumbrar esta institución como réplica a la promovida por la Junta bajo el título de Fundación Villalar. Esta última tiene como objetivo, en síntesis, fomentar el sentimiento castellano-leonés. El próximo día 28 de noviembre se reunirán de nuevo los impulsores del proyecto leonés con el fin de definir los contenidos y, probablemente, articular los medios para que se sumen a esta iniciativa todos los ayuntamientos de la provincia y las instituciones y empresas más representativas. Tal vez sea entonces el momento de definir los objetivos del invento, porque por ahora lo único que se sabe es lo apuntado por el portavoz de la UPL, Luis Herrero Rubinat, quien dijo que es preciso estar unidos «para potenciar la defensa de la identidad, las raíces, nuestra cultura... hay que definirlo». Seguramente nada se puede oponer a una iniciativa tan generosa como inconcreta en sus planteamientos. Si acaso añadir la reflexión de que las cosas que nacen no en favor de algo, sino en contra de otra idea, suelen estar condenadas al fracaso. La defensa de León y de lo leonés deberá de sustentarse en la capacidad propia de generar ilusión y de llevar a cabo proyectos. Inevitablemente, al ver la foto del encuentro, tal vez porque el marco era el mismo, uno recuerda aquel fracasado Pacto por León, entonces auspiciado por José Luis Rodríguez Zapatero, que no sirvió para nada pero que nos mantuvo un tiempo muy entretenidos. Pero seguramente nada tenga que ver la asociación de imágenes con el de las ideas.