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León

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Más de sesenta mujeres han sido asesinadas en lo que va de año por sus maridos o compañeros. El aumento va acompañado por una particularidad: resulta cada vez más frecuente que el asesino se suicide tras cometer el crimen. Ello revela que el parricida es cada vez más consciente del rechazo social que su acción provoca, por lo que no se ve capaz de sobrellevar la carga de su culpa. Todo ello conduce a una conclusión: para mitigar esta lacra no son del todo útiles las decisiones positivas que puedan adoptarse: lo realmente necesario es provocar un cambio cultural. Hemos de construir entre todos, con decisión y vigor, una sociedad igualitaria en que el varón ya no sea el dueño de la mujer y en que el honor se base en conceptos distintos de los de la fidelidad conyugal.

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