León

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JESÚS  Cantalapiedra presentó ayer su nuevo libro, La vuelta de Wolf . Hace unos días, zapeando por las cadenas,  escuché unas declaraciones suyas en las que elogiaba el talante de su sucesora en la concejalía de Fiestas. Supongo que muchos espectadores se quedarían atónitos. Yo no, pues conozco a Cantalapiedra desde hace años.  Su caballerosidad no es la mera pose afectada de quien todo lo vuelca en los modales externos, lo suyo es una cuestión de  jerarquías de corazón. Soy reticente hacia quienes hablan mal por sistema de los políticos, hacia ese escepticismo facilón de meterlos a todos en el mismo saco. Hay políticos cuya humanidad es difícil de plasmar en informaciones periodísticas. Estoy pensando en, por ejemplo, Alejandro Valderas, a quien también conozco desde hace años. La mera insinuación de que es un enemigo de la cultura cae en la injusticia tendenciosa, al menos para quienes llevamos años en esto. Nadie puede ser del Madrid y  del Barça a la vez, salvo para provocar. Pero en todos los partidos hay personas admirables y eficaces, en esto no caben maniqueísmos. Los valores de García Prieto son un aval para su partido, pero sobre todo lo serán para el conjunto de la provincia, que será la beneficiada. La otra tarde escuché al alcalde, Francisco Fernández, hacer una  presentación de un documental sobre el maqui Girón; aludió brevemente con sensibilidad y rigor a una experiencia familiar, lo hizo en un tono para mí modélico de cómo se han de abordar en público estas cuestiones, cuando más allá del caso concreto de cada uno se desea contribuir a crear una sociedad en paz y mejor. Cantalapiedra  habla bien de una  concejala que ahora se sienta donde él estaba, porque rival y enemigo no siempre son sinónimos. La política es sobre todo conducta. Lo importante es poder mirarte cada día al espejo y que la imagen mostrada no sea una parodia de aquel que fuiste o quisiste ser. Bienvenido a casa, Wolf. Esto es León.

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