EN BLANCO
La España que viene
KARIM Chergüi, oriundo de Argelia, y Jorge Iván, procedente de Colombia, cantaron el gordo de la llamada, con perdón, lotería nacional. Las bolas las extrajeron dos chicos nacidos en Guinea. Los dos son españoles, a pesar de sus exóticos apellidos y del color de la piel. Van a una escuela, con perdón, nacional, y estudian merced al derecho y la obligatoriedad que tienen los niños españoles respecto a la escuela. Si, desde no hace mucho, pasamos de los 42 millones de habitantes es merced a la inmigración, unas veces legal, otras ilegal, que aumentó considerablemente nuestro censo y evitó el estancamiento de nuestro crecimiento vegetativo. Dentro de unos meses, cuando la ampliación de la UE sea un hecho, las oleadas de nuevos vecinos no vendrán del norte de África o de la América del Sur, sino de la Europa del Este, y no serán inmigrantes, sino ciudadanos europeos que, con el derecho que les asiste, podrán venir aquí a trabajar, a residir, a vivir, o a lo que quieran, siempre dentro de las leyes vigentes. Mientras esto ocurre, mientras comienza a cristalizarse esa profecía de Guerra de que «a España no la va a conocer ni la madre que la parió», aunque sea varios años después, gran parte de los empadronados, lo que podríamos llamar 'cristianos viejos', hemos vuelto a discutir sobre el antiguo problema de los matices que nos diferencian, a desempolvar unas rivalidades que ya son tradicionales y que, en la mayoría de las ocasiones, las hemos resuelto con guerras fratricidas, exaltación del odio y conversión del compatriota en contrincante y del contrincante en enemigo. Cuando Karim Chergüi y Jorge Iván tengan derecho a voto no sé en qué situación estaremos, pero es posible que ellos tengan las ideas más claras sobre lo que es España, lo que es Argelia, lo que es Colombia y lo que es Europa.