Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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HAY QUE cruzar el puente de la Puebla en dirección a la parte alta de Ponferrada. A la altura de Hacienda, mirar hacia el sur. Nunca he tenido muy claro porqué a esa plazoleta humilde se le llama popularmente «de las Nieves» pero, en cualquier caso, siempre será mejor esa denominación que la del 18 de Julio con que la castigaron durante años. Su perímetro descuidado y su superficie tomada como improvisado aparcamiento marca el límite del Casco Antiguo y en ella desembocan dos arterias que tienen nombre contundente, sonoro y un tanto esotérico: la Calzada y el Rañadero. No es un rincón especialmente atractivo y su posible encanto pasa desapercibido por el carácter de zona de paso en la que sólo el semáforo te detiene. Estos días han empezado a derribar el edificio de la Ferretería Redondo, un establecimiento oscuro que olía a madera y vendía al por menor mecanismos que siempre son misteriosos para los no iniciados, cuyo propietario siempre quise imaginar -ya ven que tontería- que era el honrado comerciante ponferradino que encargaba al detective creado por José Luis Garci en El crack la búsqueda de la hija desaparecida. La vivienda cierra por este lado una manzana antigua de huertos y jardines que ha pagado caro el tributo del desarrollo, en cuyo entorno aún se levantan edificios milagrosamente singulares con desoladas galerías donde se hacen trajes civiles y militares o se ve desayunar con criterio calorífico de cuando la República (la de Castelar). Yo no sé muy bien para qué les cuento todo esto pero si tienen ocasión, en el paseo vespertino del domingo crucen el puente de la Puebla y deténganse en este rincón que, aunque casi no llega a plaza, está pidiendo una mirada amiga que lo defienda del anonimato urbano.

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