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MIENTRAS el PSOE se embrea las manos en batallas colaterales -como la planteada por Rodríguez Ibarra- que contribuyen a despistar al personal, la dirección de campaña del Partido Popular vivaquea y deja a sus mesnadas mediáticas la tarea de hostigar a los socialistas. Para eso están la radio, la prensa y las televisoras afines. La última, Telemadrid. Está claro que los populares tienen una deuda impagable con Tamayo, aquel ex diputado socialista del que nunca más se supo pero al que a nadie se le ocurriría ir a buscar en las listas del Inem. Entre los sociólogos es casi un axioma que las elecciones «no se ganan, se pierden». El propio Rajoy hizo suya esta idea cuando en los últimos comicios llevó la campaña de Aznar. Y en eso está: esperando a que Zapatero pierda fuelle, a que se desangre antes incluso de iniciarse la carrera. A quienes critican esta estrategia (se oyen voces dentro del PP que hablan de «falta de tensión electoral»), desde el staff de Génova les recomiendan paciencia. Paciencia porque el de enfrente les está haciendo parte del trabajo al permitir -quizá por falta de autoridad en el conductor- que lo que siempre fue un coro afinado ahora se asemeje más a un grupo de adolescentes cantando en el autocar que les lleva de excursión. Mientras tanto Rajoy, va a lo suyo. Dicen que confía en ganar y sus adláteres hablan con naturalidad de revalidar la mayoría absoluta. Incluso se habla de Loyola del Palacio, como probable sucesora del propio Rajoy en la secretaria general del PP. No se detectan nervios ni en Génova ni en La Moncloa ni se espera que venga alguien a pasar factura por los errores o abusos de autoridad cometidos a lo largo de los últimos ocho años. Están tranquilos porque los sociólogos les han convencido de que no hay «pulsión de cambio».

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