EN BLANCO
Días duros
LA SEMANA ha sido tremenda. Sobre todo para el PSOE y su secretario general, Rodríguez Zapatero. Lo del impresentable socio catalán les ha estallado en pleno rostro y por donde mas dolía. La actitud de Carod, miserable y desleal, les ha puesto a los pies de los caballos y roto por el eje toda su campaña. El líder del PSOE pasó momentos de angustia. Primero cuando se dio cuenta de la gravedad del asunto, de la que al principio buena parte de su incompetente equipo de Ferraz no era consciente, después cuando tras dejar la solución en manos de Maragall éste se niega a aceptar la dimisión de Carod, por la noche se ve obligado a tirarse a la piscina con un comunicado que exige la salida del independentista del gobierno catalán. Al día siguiente y a las cinco de la tarde comprueba como, aparentemente, los socialistas catalanes obedecen pero en el fondo no lo hacen y lo que le dan, al alimón con ERC, es un «ayudado por alto». Vamos que lo torean. Carod se va pero se queda para luego irse más y después regresar al cargo, porque Maragall , no lo olvidemos, es su rehén. Y como Maragall pone por encima de todo ser president, pues le da igual que sus compañeros de partido y el socialismo en su conjunto sólo esté para recibir bofetadas. El líder del PSOE, con todo, ha demostrado principios y hasta salvado algún mueble del incendio. Pero el problema es que la casa sigue ardiendo y el resultado electoral del 14-M cada vez huele más a socarrina. Imaginar cómo va a ser el mitin de cierre en Barcelona es un ejercicio perverso. Las filigranas que ahora están intentando hacer para echarle culpas al mensajero no va a ayudar en lo más mínimo. Al contrario pueden ahondar todavía más la fosa. Andar otra vez del bracete de ERC pidiendo explicaciones de la filtración es seguir echando gasolina al fuego en vez de apagarlo.