León

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TIENE razón Cascos con mostrarse indignado por el acoso de la prensa del corazón a su actual novia, mientras se encontraba trabajando en Arco.  Si  la relación de Cascos merece un reportaje de investigación no puede tratarse de toda esa basura, que ni siquiera es sensacionalismo, sino su parodia. El acoso a la galerista no fue realizado por periodistas, sino por cretinos que hacían malabares con su propia dignidad y la estrellaron contra el suelo. Ganarse el pan es duro, pero hay vejaciones voluntarias. De dónde sacarán las cadenas de televisión a tales monstruos de la mueca perpleja. Están propiciando, bajo la apariencia de periodismo desenfadado, una camada de reporteros cuyo único aval es ser zafios. Pero el periodismo no se hace con grosería, sino con profesionalidad, sea cual sea el área en la que se trabaja. Aunque, reconozcámoslo, mantener el tipo informando sobre la boda de Lauren Postigo es un milagro. Hubo un tiempo en que creímos que con las privadas esta profesión iba a conocer una edad de oro. Ya.  Curiosamente, la radio, que antes era subestimaba como poco intelectual, ofrece una calidad de la que carecen las cadenas. Ayer, Televisión Española abría su telediario con el penalti a favor del Madrid. De pena. En cambio, incluso en los programas de comentarios sobre el mundillo del corazón, la radio mantiene una dignidad profesional que nada tiene que ver con ese descenso a los bajos de la nada en el que voluntariamente se han precipitado las cadenas. No reivindico que entre reportaje de lepidópteros y concierto de Debussy nos pongan una serie sobre la teoría de la relatividad, pero parece indudable que la programación de las televisiones es hoy una pesadilla. Lo llaman libertad de expresión. Ya.

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