VUELTA DE TUERCA
El último dardo
FERNANDO Lázaro Carreter era un aragonés de los fetén, de esos que, de pequeños, además de pasar por el manto de la Pilarica, se cayeron en la marmita del sentido común. Por eso se cabreaba cuando alguien laceraba el lenguaje y más si lo hacía con presunción, petulancia o ignorancia. Su bandera siempre fue la misma: la defensa del uso correcto de la lengua, de la palabra. Fue una lucha tozuda, tesonera, en la que los periodistas fuimos muchas veces la diana de sus siempre certeros dardos. Una batalla también descorazonadora porque la capacidad destructiva era, y es, muy superior a las ansias de justeza y perfección. Pero el académico nunca rebló y ahí siguen resplandeciendo sus artículos como brillante referencia de amor a la palabra. La que nos hace hombres. Descanse en paz.