LA VELETA
El 25-M de Aznar
FUE UN día lluvioso y triste, de cielo plomizo en Madrid. Era el 25 de marzo, y sólo el brillo del asfalto húmedo transmitía al palacete de La Moncloa la tibieza de un sol patinado de grises. Conversaban Aznar y Zapatero muy de mañana sobre Europa e Irak horas antes de que el presidente del Gobierno en funciones viajara a Bruselas para asistir a su último Consejo Europeo. No estuvo presente Zapatero el 25-M en la primera sesión del Consejo Europeo, pero su ausencia se percibía en Bruselas como una presencia que va hacerse inminente, como el factor o, más bien, uno de los factores que liberan a una UE alborozada de su prolongado estancamiento institucional y político. Sería exagerado decir que la victoria electoral del líder socialista español ha sacudido impetuosamente la atonía de la UE o ha replanteado la necesidad de que la ONU se implique decisivamente en la transición de Irak hacia su deseable y deseado futuro democrático. Pero el hecho real es que el triunfo de Zapatero en las elecciones generales ha cuestionado muchas actitudes políticas, en Europa y en Estados Unidos, y abren paso a una intervención ejecutiva de la ONU en el proceso iraquí. También el Consejo Europeo mostró ayer su inclinación unánime a plantearse la responsabilidad de la UE en Irak, a favor de una implicación decidida y eficaz, tras pedir obviamente que la ONU, como ya parece acordado, dibuje un nuevo marco jurídico a la situación que permitiera, además, la continuidad de nuestros soldados en la base iraquí de Diwaniya. Ha visto así Aznar en Bruselas cómo su intrépido alineamiento con la Administración norteamericana se veía sustituido por una juiciosa aproximación de la UE a Washington, en ayuda de los problemas que la guerra y la posguerra le están creando. Y los trabajos de la Constitución europea, desbloqueados, a espera sólo de que Zapatero tome posesión de la Presidencia del Gobierno español. Abandonaba Aznar Bruselas con amargura, sin más consuelo ostensible que el de Berlusconi y de un documento del PPE en el que no se le regatean elogios. Madrid, a mediodía de ayer, como el día anterior, el 25-M de Aznar, recibía al presidente en funciones con la melancolía de un cielo que reflejaba la tonalidad de todos grises.