BURRO AMENAZADO
Devuelve truchas
LOS RÍOS han sido en invierno piélagos solitarios, orlados por la desnudez helada de paleras y álamos. Un ejército ruidoso, pescador, invade desde hoy la red fluvial leonesa. Pateo de botas y vadeadores en corrientes, tablas y badinas; cimbreo de cañas, varas y látigos que proyectan tanza, cola de rata y nailon sobre una aguas surcadas por cucharillas, rapalas, plomos, streamers, ninfas, moscas, morucas, gusarapines, cucos y maraballos. Que se preparen las pintonas ante el ansia de la tribu que, con deportividad o sin ella, pretende llenar la cesta. Las poblaciones trucheras ralean, decaen en unos cauces de orillas artificiales, aguas sucias y sotos semiextintos, envilecido testigo del León natural, de riberas exuberantes y grandes truchones, que tuvo prestigio internacional. Unos datos para la reflexión.: los estudios de abundancia salmonícola en el norte de España nos informan que, en vedados o tramos de pesca sin muerte, las truchas de más de cuatro años de edad, de talla superior a los 25 centímetros, suponen el 40 % del plantel. En las zonas de captura, sean acotados o libres, estos ejemplares, maduros y corpulentos, solo representan el 1 % de la población. El mito de que la caña no hace daño, arte inofensivo, se derrumba miserablemente. Mientras los pescadores no nos convenzamos de la importancia de la captura y suelta, del deporte altruista, aportaremos poco a mejorar esta situación comatosa.. Conviene recordar que, en Estados Unidos y Canadá, ríos plagados de truchas y salvelinos, solo permiten pesca sin muerte o, excepcionalmente, un ejemplar de más de 40 centímetros por jornada. Nuestro hogar puede cocinar exquisitas sopas, horneo y fritura de trucha, compradas en la pescadería, sin necesitar truchillas en la cesta que animan con sus cebas la espuma del rabión. Devuelve las pintonas al agua, amigo. Ejercer de matarife de salmónidos salvajes es un anacronismo. Presionemos a Confederación, núcleo de negocio y cemento.