Diario de León
Publicado por
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
León

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ESA FOTO en la que Jesús Caldera y Alfredo Pérez Rubalcaba aparecen rodeados de los representantes parlamentarios de todos los partidos, excepto el Partido Popular, es algo más que el documento testimonial del reparto de cargos en el comienzo de la legislatura: tiene una forma simbólica, es la expresión gráfica de un tipo muy especial de «gran coalición». En el sistema de partidos este término se ha aplicado siempre al acuerdo de los dos grandes partidos en unos momentos de inestabilidad institucional. Se trata de un recurso excepcional para salvar una situación excepcional. Se acude a esa solución cuando se ven amenazados los juegos de mayorías y minorías; cuando los problemas institucionales llegan a ser más preocupantes que la alternancia en el poder. Es una fórmula para asegurar el sistema democrático mismo. ¿Cómo juzgar, entonces, esta «gran coalición» formada por el partido del gobierno y una decena de pequeñas formaciones?. En realidad es todo lo contrario de aquella otra ya que, en vez de resolver los problemas, los acrecienta porque multiplica los intereses y los pactos. En vez de sacrificar las particularidades convierte a estas en cánones por encima de lo común. Recuerda, en cierto sentido, los gobiernos pentapartito que formaba en Italia la Democracia Cristiana para impedir el acceso del Partido Comunista al Gobierno. Y digo en cierto sentido porque aquella forma de coalición venía determinada por la aritmética parlamentaria mientras que, en este caso nuestro, es una ambición hegemónica tan fuerte como el deseo de destrucción del partido mayoritario de la oposición. Así que no se trata de una estrategia para poder legislar y gobernar sino para arrinconar al primer partido de la oposición. Aunque resultaba chirriante, desde el punto de vista ideológico, la fórmula de «todos contra el PP», que ha venido manteniendo el PSOE, aún podía entenderse ya que este era el partido del gobierno, pero ¿qué sentido puede tener ahora aglutinar a todos contra el partido mayoritario de la oposición?. Dicho de otro modo ¿por qué todos aquellos partidos que no están en el gobierno tendrían que negar su propia condición opositora?. Porque el PSOE y esa decena de partidos coinciden en el mismo objetivo de la creación de un nuevo modelo de Estado. Para el PSOE conseguir ese modelo supondría garantizarse la hegemonía política para muchos años. O quizá el desastre colectivo. La verdad es que los eslabones más débiles en esa cadena, que podemos entrever en la foto son el propio PSOE y CiU. El primero, por cuanto se pueden crear en su interior unas tensiones insuperables en relación con la cohesión nacional; el segundo por cuanto difícilmente podrá aceptar las concesiones que el gobierno tendrá que hacer en materia social y económica a IU, EA, ERC, BNG... A escala nacional esta gran coalición puede tener el fracaso que tuvo la «fórmula balear» a escala regional.

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