TRIBUNA
Basta de circuncisiones rituales de menores
POR DECRETO familiar, aunque la ejecución corra a cargo de facultativos y curanderos de toda ralea, quince millones de criaturas sanas son mutiladas genitalmente cada año en rituales de circuncisión que celebran religiones primitivas de lo más variado, en los cuatro puntos cardinales de nuestro planeta. De estos quince espantosos millones, trece lo son de niños o muchachos. Tampoco los humanos agnósticos que se tienen por progresistas le hacen ascos a esa operación, totalmente injustificada desde el punto de vista médico, que aplican sin piedad a sus hijos por presuntos motivos de higiene preventiva. Salvajes y civilizados parecen estar de acuerdo por todo el globo, en esta aberrante victimización de la infancia: desde los Estados Unidos a los desiertos de Australia, a cada latido de corazón un niño resulta absurdamente mutilado en sus genitales. Y sin embargo, no hay en la comunidad científica de todo el mundo ninguna organización médica que recomiende la más mínima de estas agresiones quirúrgicas. Ni siquiera en la mayoría de los casos patológicos que pueden presentarse y que se resuelven con intervenciones profesionales que tienen como objetivo, lógicamente, el sanar causando el menor daño posible, puede comprenderse la impunidad con que se perpetran estas atrocidades en los cuatro puntos cardinales. Supe rados, afortunadamente, los tiempos de las sangrías, los sahumerios y los escapularios, defectos como la fimosis son corregidos actualmente, cuando alcanzan una evidente severidad, con la llamada técnica Duhamel, que no produce merma alguna en los tejidos. Médicamente hablando, todo lo que se corte de más no sólo se parece bastante a una chapuza, sino que es evidentemente un abuso. Que el tajo sea más o menos profundo, no altera en nada el infernal procedimiento seguido, su finalidad y los principios que le dan origen. Es una espantosa pesadilla: te arrinconan a una criatura sana, como si fuese una rata, te la anestesian, te la recortan en sus partes, te la cosen, la curan con tintura de yodo, una gasa, Thrombocid, un antibiótico y un pañal y... ¡a la calle, que hay cola! Única finalidad, reconocida o no: mermar la sensibilidad genital y, al tiempo, marcar a las criaturas como si de ganado se tratase para hacer evidente su pertenencia social a un determinado grupo ideológico. Por muchas vueltas que le demos, no hay más. La inmigración masiva que está recibiendo España en los últimos años, en particular la procedente del África negra y del Magreb, ha puesto sobre el tapete, inmediatamente, algunos casos sangrantes de agresiones de este tipo, que han llegado a suscitar incluso debates parlamentarios y una ley específica al respecto aprobada el pasado 29 de Septiembre. No obstante (gracias a la invisible presión política ejercida por los grupos sociales mayoritarios que infligen estas atroces mutilaciones), el lenguaje forense de la legislación aprobada, todo un alarde de habilidad, queda lo suficientemente claro como para poder servir en los casos de las niñas (pongamos, uno entre un millón), y lo suficiente ambiguo como para luego poder resultar inútil, si es políticamente conveniente, en el de los niños (¿uno entre mil?). ¿Por qué si no, se insiste tanto en los casos aislados y puntuales de mutilaciones de niñas, cuando es en realidad el número de circuncisiones rituales infligidas a los menores de edad varones, en nuestra nación, en el seno de las propias instalaciones sanitarias públicas y privadas, el que ha experimentado en los últimos años un aumento galopante? Puro interés por manipular y capitalizar la sincera y creciente sensibilidad social por los derechos humanos. Que estas abominables prácticas de mutilación de varones se realicen por doquier en nuestro territorio, y ante las mismas narices de las Autoridades Sanitarias que tan encendidas proclamas realizan contra el tabaco, la anorexia y la bulimia o incluso la misma barbarie de la ablación, constituye no sólo una terrible contradicción sino, además, una vergonzosa tragedia. ¿Es que los varones menores de edad no son siquiera personas? Éticamente hablando, si bien desde el punto de vista anatómico, la merma producida en la circuncisión de los varones, «una de las intervenciones quirúrgicas que con más frecuencia se practica a los niños» ( Anales de Pediatría , 1 Noviembre 2003), es normalmente menor que la infligida en las ablaciones femeninas, no es menos cierto que se trata de hechos paralelos y semejantes, en el sentido que conculcan y menoscaban gratuita, severa e irreparablemente la integridad física de la persona, y que se convierten automáticamente en gravísimo delito cuando se perpetran sobre menores de edad, con o sin consentimiento paterno, con la agravante de atentar contra el derecho a la libertad de conciencia y, en consecuencia, contra la propia dignidad humana. Denunciemos a los cobardes que realizan cualquier tipo de circuncisión ritual de menores, a sus cómplices y encubridores, y a quienes, por mal entendida tolerancia, mantienen una ambigüedad moral idónea para que estas horribles agresiones vayan poco a poco medrando. En nombre de mi desdichado hijo A lonso, mutilado a sus seis años para hacerlo ingresar por la fuerza en la fe de Mahoma, gracias.