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JOSÉ CAVERO
León

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LOS EFECTOS de las elecciones del 14 de marzo empiezan a transformarse en realidades concretas. José Luis Rodríguez Zapatero ha recibido el encargo de formar gobierno. Previamente a que se formalice esa composición del gabinete, ya sobradamente conocida, Zapatero deberá comparecer en la sesión de investidura del próximo día 15. Si, como parece probable, su discurso no merece más rechazos de los previstos, el nombramiento podría aparecer ya en el boletín oficial al día siguiente o un par de días después, y un día más tarde el de la lista de sus vicepresidentes y ministros. De manera que ahora mismo, la única duda que aún pervive es la de si Zapatero reunirá votos suficientes en la primera votación, y si para conseguir tales votos será preciso que adopte y anuncie alguna clase de compromisos específicos. ¿Será ésa la estrategia de Zapatero? Parece improbable que mencione aspectos concretos y específicos o que, por ejemplo, se refiera en concreto a los objetivos que quisieran escuchar de su boca algunos dirigentes políticos regionales. Insisten en el PSOE en que no les obsesiona hasta tal punto conseguir la mayoría de votos en la primera votación, por más que confían en que contarán con votos suficientes para que así sea sin rebajar el tono del discurso de tono general a esas particularidades que algunos pretenden. Eso, en cuanto al nuevo gobierno: ya está viviendo. El PP, derrotado en las urnas, sigue mentalizándole para abandonar el Gobierno y pasar a la oposición y ejercerla con el rigor y la dedicación que Mariano Rajoy ha vuelto a explicar. Rajoy, que soñó con formar el Gobierno, y que probablemente tenía la lista de sus colaboradores tan elaborada como ya la tiene Zapatero deberá ahora guiar la travesía del desierto de sus fieles durante el tiempo que los ciudadanos deseen. Rajoy, con Acebes y Zaplana, van a ser los máximos responsables de este tiempo nuevo que se abre para el PP, y que no figuraba, ni mucho menos, en sus planes. Hay un cambio radical en los protagonistas de la vida pública, un vuelco o una alternancia sustancial que apenas fue posible vislumbrar por nadie hasta el mismo día de las elecciones. Pero es el resultado de las urnas, y es lo que está obligando a toda esta serie de cambios que apenas están empezando a producirse. Después de un primer grupo de relevos se llevarán a cabo los siguientes y los demás. En total, muchos centenares de sustituciones a todos los niveles de responsabilidad y de ejercicio del poder. El relevo apenas está empezando.

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