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FERNANDO ONEGA
León

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LA FECHA es ésta: 27 de mayo. ¡Qué casualidad! Entre los 108 días que separan las elecciones generales del 14-M y el 30 de junio en que cumplía el plazo, tuvo que ser elegido -o forzado por necesidades de seguridad-el 27 de mayo. Ni un día antes ni un día después. Ese día, según el presidente Zapatero, no quedará un solo soldado español en Irak. Quiere el destino de los calendarios que al día siguiente, viernes, 28 de mayo, a las 12 de la noche, haya un rito tradicional: se efectuará la pegada de carteles. Es decir, comenzará oficialmente la campaña de las elecciones europeas de 2.004. Ese 27 de mayo fue la revelación más importante del debate celebrado ayer. El resto ha sido más de lo mismo: las razones de uno frente a las razones de otro, otra vez la estampa repetida de la soledad del PP, único partido de oposición, y la cobertura de un trámite informativo. Hemos visto un Rajoy contundente y brillante, duro en la forma, discutible en el fondo, siempre eficaz en su acoso, con excelentes modos parlamentarios, pero quizá demasiado preso de la herencia bélica de Aznar. Y hemos visto un Zapatero coherente, que defiende sus posiciones con tono presidencial. Ha aprendido pronto la asignatura. Por eso lo importante es el calendario; la casualidad de que el día 28 sea el siguiente al día 27. De forma tan afortunada, cuando José Borrell o el propio Rodríguez Zapatero digan sus primeras palabras de propaganda y petición de voto, podrán dirigirse así a este país: ciudadanas y ciudadanos, hemos cumplido; todos los soldados están ya en sus casas. Hemos cumplido con el claro mandato de las urnas de marzo con decisión, con valentía, de acuerdo con los deseos ciudadanos. Se supone que tendrán hecha media campaña electoral. No digo, Dios me libre, que el señor presidente haya hecho esta gran operación de dimensión internacional con intenciones electoralistas. Tampoco digo, aunque lo he escuchado, que Zapatero precipitó la decisión del repliegue porque técnicamente no podía esperar más: los manuales dicen que se necesitan cuarenta días para hacer esa operación sin riesgo. Este cronista, que es bien pensante, dice simplemente que los caprichos del calendario, empeñados en poner el día 28 después del 27 y el viernes después del jueves, le hicieron este fantástico regalo al PSOE. Y añade que, si hubiera intencionalidad política interna en el regreso de las tropas en esas fechas, ya podía haber hecho el favor completo: acelerar seis días más el retorno, y así todos los militares podrían contemplar la boda real desde el salón de sus casas. Pero nadie es perfecto.

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