Diario de León
Publicado por
RAFAEL TORRES
León

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NUESTRA recién estrenada patria común, Europa, tiene 450 millones de habitantes y suyo es un tercio de la riqueza del mundo, pero ese fabuloso conglomerado humano carece aún del contenido político que lo unifique. Social y culturalmente diversa, la nueva Europa de los Veinticinco tiene en ello su debilidad y su fortaleza, su grandeza y su miseria, y sólo en la medida en que sepa dotarse de unidad política y de intereses, sobre todo de cara a sus relaciones con el exterior, podrá cumplir con los fines que teóricamente se propone, que no son otros que el bienestar de su ciudadanía y el de fomentar el progreso, la democracia y la paz en el resto del mundo. Una Europa dividida por los intereses particulares de las naciones que la integran, o atrincherada y sorda en su riqueza frente al clamor desesperado de la humanidad empobrecida, no logrará resistir los embates no ya del futuro, sino los del presente siquiera. Para ello, para dotar a la UE de alma y de sentido, es menester que quienes la han construido hasta ahora, los mercaderes, permitan el concurso activo y protagonista de los que la piensen y la sientan más allá de los balances y los réditos. Europa necesita la pujanza y la creatividad de sus intelectuales, de sus músicos, de sus profesores, de sus trabajadores de todas clases, de su juventud henchida de energía y de alternativas novedosas, de sus mayores, de sus inmigrantes y, en fin, de cuantos con su talento, su experiencia y esfuerzo la hacen grande, civilizada y poderosa. tal es la demanda de los 450 millones de seres humanos. Una Europa civil, política, a la vanguardia moral del mundo y no sólo a la vanguardia mercantil y financiera. Una Europa libre, democrática, soberana y solidaria. ¿Acaso podríamos soñar los europeos con una nación más distinguida, con una patria más amable, más rica, mejor?

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