Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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LE HAN cascado, aunque levemente, al diarreico autor de la obra cuyo título incitaba a obrar y al actor protagonista. La agresión respondía a otra. ¿Por qué malherir los sentimientos de los creyentes? La falta de educación está al alcance de todo el mundo, pero la blasfemia exige tener fe. ¿Cómo defecarse en algo si no se cree que exista? Además, ¿qué hubiera pasado si el título de la obra hubiera aludido a Alá? Hubiesen quemado el edificio. No tuvo valor el cagón. En mi memoria de títulos envidiables no podrá figurar el que alude, a la vez, a la teología y a la disentería. (Titular es muy difícil, titular bien, se entiende. Valle Inclán dijo que algunos títulos le habían costado más que algunas obras. A Borges le preguntaron cómo iba a llamarse un libro que ya tenía escrito: «Aún no me ha sido revelado», contestó). Entre los títulos de algunos libros penúltimos recuerdo Vida sexual de Robinson Crusoe y otro que juega con la frase de Nietzsche, esa que decía «Dios ha muerto». No recuerdo al autor, me parece que es de la cuadrilla de los llamados nuevos filósofos franceses: «Dios ha muerto, Marx ha muerto y yo mismo no me encuentro demasiado bien». También me divirtió otro título: « Sexo oral, guía del gourmet ». Tengo entendido que la obra que ha provocado el escándalo tiene cierto interés. Siempre le hago caso a Eduardo Haro Tecglen cuando escribe sobre teatro y le ha encontrado comedidos valores. Lo que ocurre es que su autor le ha echado mucho teatro y el relativo éxito de público se debe a la provocación. Ha pasado mucho tiempo desde que André Breton dijo eso de que «el escándalo ha muerto». Así lo creíamos todos y lo dimos por enterrado. Ahora resucita entre la Gran Vía y la calle de Alcalá. Personalmente, me agradan los provocadores: suelen ser personas valerosas y algo ingenuas. Deslenguados que quieren que su nombre ande en lenguas de la gente. A veces lo consiguen, durante un tiempo, hasta que llega otra criatura de la misma estirpe que provoca otro pequeño escándalo, algo mayor que el suyo.

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