DESDE LA CORTE
Urnas europeas, lecturas españolas
LO PEOR que les puede ocurrir a unas elecciones es que no existan. Pero, después de eso, lo peor es que la gente pregunte para qué sirven. Y eso ocurre con las elecciones cuya campaña acaba de comenzar. Somos muy europeos, cumplimos como nadie las obligaciones de la Unión; pero nos falta didáctica. Y claro: el entusiasmo electoral que se percibe es perfectamente descriptible. Los más optimistas prevén una abstención superior al 50 por 100. Con esa perspectiva por delante, el mayor desafío de los partidos es encontrar un argumento que anime al personal a acudir a las urnas. Y no es sencillo. Los socialistas usarán mucho la guerra de Iraq. Los nacionalistas, la invocación a la Europa de los Pueblos. El PP, la fortaleza que tuvo España hasta que llegó Zapatero con sus abrazos. Y a partir de ahí, pare usted de contar. Los grandes atractivos serán los debates televisados, que se estrenarán el día 1. Pero yo no me atrevo a vaticinarles ni un éxito mediano de audiencia. El único «gancho» verdadero de estas urnas es, como venimos anotando, la repercusión en la política interna. Si hablamos de los grandes partidos estatales, esto es lo que pretenden: el Partido Socialista, revalidar los resultados de su gestión en el tiempo que lleva en el gobierno; demostrar a los más escépticos que su victoria no ha sido un episodio derivado de la tragedia terrorista del 11-M; y, en consecuencia, reforzar su autoridad. El Partido Popular, en la misma línea de pensamiento, busca curarse la herida de la derrota del 14 de marzo y demostrar que ha sido una «desgracia» ocasional. ¿Es esto una falsificación del proceso? En cierto modo, sí. Pero es también inevitable. Unas elecciones a tres meses de las anteriores son, antes que nada, una repetición. Y ya podemos invocar la importancia de Europa. Ya podemos echar recursos demagógicos sobre el papel de España en la Unión, que esa lectura será invocada de forma expresa a tácita por todos los contendientes. Cuestión distinta es lo que pase dentro del PP. De pronto, se ha extendido esta idea: Rajoy tiene colmadas sus aspiraciones políticas. Dentro del PP hay aspirantes a su sillón. Una nueva derrota podría hacerle tirar la toalla o agudizar las ambiciones de sus críticos internos. Este cronista está en condiciones de desmentirlo: Rajoy nunca hará eso. Pase lo que pase, sea cual sea el resultado de las urnas, no renunciará. Será el candidato a la presidencia del partido en el próximo congreso. Una persona muy próxima lo retrataba así: «podrá fallarle todo, menos la moral».