AL TRASLUZ
El humanismo de Bono
ALGUNOS se preguntan el porqué de la popularidad de Bono. Puede que tenga toques de populismo, pero hay mucho más en el discurso de este político socialista. No se llega al corazón de una sociedad, no diré del electorado, simplemente con populismo. Hay que reconocer que pertenece a esa élite de quienes despiertan simpatía e interés incluso en quienes no le votan. Es un personaje profundamente español, condición que no se tiene por el mero hecho de haber nacido en España, ni porque uno mismo haga gala de españolismo, que es otra cosa. Bono llega, quizá porque no habla de abstracciones políticas, sino de convicciones y, por qué no decirlo, desde un humanismo cristiano del que no se avergüenza. Su discurso en la toma de posesión como ministro fue encontrado folklórico por muchas personas, pero posiblemente fueron aún más a quienes gustó. Al día siguiente un programa de televisión le dedicó una larga entrevista personal y sus explicaciones sobre la retirada de las tropas españolas de Irak fluyeron con gran claridad, sin dogmatismo, manejando datos, ideas y sentimientos. Tiene no pocos amigos de derechas, lo que dice tanto de él como de ellos. Dudo mucho que se haya deliberadamente condecorado a sí mismo, aunque por la burocracia administrativa pueda parecerlo. Si lo hizo, ya ha rectificado su vanidad. Peor rectificación tiene una guerra. En fin, si Bono es un político muy español, también lo es el arte de la mala leche, las cosas como son. No hay mejor reconocimiento que el que te da la conciencia. Hay quienes esgrimen que nadie merece una condecoración por lo que fue cobarde retirada, pero esto lo dicen los columnistas del heroísmo de despacho. En la complejidad ética de una guerra, tener a Bono como ministro es una tranquilidad. ¿Populista? Puede, pero también un buen político e, intuyo, que una buena persona. No es el único, ni su partido tiene la exclusividad de estos valores. El corazón no tiene siglas.