EN BLANCO
Medite, señor Marín
SI LAS LENGUAS están para entenderse y el Parlamento también, ¿cómo es posible que no se permita a los parlamentarios usar la lengua con la que se entienden? Será por ganas de incordiar, de imponer ideas mediante el uso obligatorio y excluyente de uno sólo de los idiomas que hablan los españoles. ¿No se sintió ridículo el señor Marín, presidente del Congreso, negando en catalán (macarrónico) a un diputado el derecho a expresarse en catalán precisamente? No se puede, señor Marín, ser jocoso e ingenioso todo el rato sin incurrir, cual hizo usted, en alguna que otra ligereza imperdonable. El señor Tardá, de ERC, inició una pregunta en catalán cuando, al poco, el señor Marín le interrumpió rogándole en catalán que la formulara en castellano. ¿Por qué? ¿Porque si continuaba en catalán no iban a entenderla el resto de los diputados? Imposible: disponían de la transcripción de la dicha pregunta en castellano. ¿Entonces? Pues nada, seguramente por la inercia de seguir negando, contra toda lógica y razón, la consideración y el respeto institucional que merecen las diversas lenguas españolas, aquellas con las que piensan, sueñan, trabajan, viven y se relacionan millones de compatriotas de toda ideología, credo y condición. Bien es verdad que, contra toda lógica y razón también, en los colegios no se enseña a los niños los idiomas de su patria, sino sólo el inglés, la lengua del Imperio al que, por lo visto, estamos subordinados, pero no es menos cierto que alguna vez habrá que rectificar esa deriva política alienante si queremos construir de veras una nación donde todos hallen bienestar, reconocimiento y acomodo. Cuando en el Congreso suene la bella música de todos nuestros idiomas seguro que, en esa aparente Babel de lenguas, empezaremos a querernos más y a entendernos mejor.