TRIBUNA
La Universidad de León. El camino hacia¿
LAS ELECCIONES a rector han pasado y han dado un claro ganador. Es pues hora de hacer algunas consideraciones sobre la situación de la Universidad de León y su futuro. Los problemas por los que actualmente atraviesa la Universidad de León son los mismos por los que pasan casi todas las universidades españolas y europeas, amén de otros derivados de la especial situación de León. La recesión económica y el nuevo liberalismo tipo manchesteriano han influido de manera decisiva en los últimos pocos años sobre la idea y la estructura de la Universidad. Que la Universidad es el reflejo de la situación sociológica de un país está claro si analizamos la situación en EEUU y (aún) en Europa. El desgraciado proceso que han dado en llamar «globalización» ha caído sobre nosotros como una de las plagas de Egipto, llevándose por delante un cuanto de la idiosincrasia y cultura europeas. La irrupción masiva de la industria en las aulas ha acabado con un ideal basado en los principios de Humboldt, que habían sido los motores de la Universidad durante siglo y medio. Para los «globalistas» la Universidad es ahora una escuela de preparación de fuerzas idóneas para la industria y las finanzas, y la misma investigación ha pasado a tener casi exclusivamente un carácter económico: patentar, es la palabra mágica actual. Resultado de todo ello es una desorientación en las filas universitarias en una fase que puede ser trascendental para el futuro. Ante este panorama, las Universidades han optado por distintos mecanismos, con el objeto de paliar, al menos parcialmente, los problemas que las asfixian. Una de las posibles soluciones para evitar el desfallecimiento es conseguir más alumnos al precio que sea, para con ello conseguir mayor financiación de los organismos estatales correspondientes. Caballo grande, ande o no ande. Esta filosofía se ve reflejada en la proliferación de títulos otorgados hoy por las Universidades. En vez de concentrar las posibilidades en algunos puntos de cristalización, las distintas Universidades (sobre todo las pequeñas) se han lanzado a una voraz carrera para poder otorgar más títulos «que las otras Universidades». Creo que éste es uno de los grandes problemas que actualmente tiene la ULE. Las posibilidades presupuestarias que la Junta de Castilla y León pone a disposición de la ULE no son suficientes para garantizar una enseñanza e investigación aceptables en tanta Escuela y Facultad como hoy existen. Los medios deberían de ser concentrados, en vez de «distraerlos» en múltiples «formulaciones», lo que forzosamente supone una pérdida en calidad a costa de la cantidad. Ello, unido a los recursos que el Campus de Ponferrada consume (y esto es independiente de dónde procede el dinero que se gasta en Ponferrada) al tener que duplicar algunas de las instalaciones, hace más difícil la creación de centros de calidad excepcional que «impriman carácter» a la ULE. Siendo la existencia de los dos campus ya un proceso irreversible, deberían definirse los fines que la comunidad leonesa persigue y cuales deberían ser las premisas y los objetivos primarios. En mi opinión, el objetivo prioritario debería ser común para los dos campus, León y Ponferrada, con instituciones y organizaciones complementarias y acopladas. Tal acoplamiento haría posible el ahorro de medios, que se podrían invertir en instituciones adicionales que den estructura y abran nuevas posibilidades de crecimiento. La estructura actual de la ULE con sus centros de investigación es con seguridad un buen embrión que puede ser centro de cristalización para nuevas instituciones. De todas maneras, no nos engañemos: aunque algunos de los centros para-ULE funcionen bien, la masa crítica está aún bastante lejos, y muchos de esos centros son más bien construcciones en cartón-piedra. Cualquiera que sea la decisión referente a la dirección que los responsables de la ULE acepten y adopten, resulta absolutamente necesario el asentar en León nuevos centros dependientes del CSIC. La falta de una Facultad de Medicina es un handicap enorme para la construcción de un gran parque de Biomedicina, y hasta qué punto el Hospital Reina Sofía puede reemplazar una Facultad no está claro. Un Hospital se basa esencialmente en la Medicina asistencial; una Facultad posee, además, la capacidad de enseñanza e investigación. Claramente, ¡no estoy clamando por la implantación de Medicina en la ULE! Si la dirección es distinta a la que de manera esquemática he contado, es decir, hacia las Biociencias, se ha de escoger de acuerdo con las necesidades del país y sobre todo con las posibilidades de desarrollo que tendría en el futuro. El triste pasado del carbón puede ser un buen ejemplo de cómo no hacer las cosas. La paupérrima estructura industrial existente en León, no abre precisamente muchas posibilidades de elección a la hora de decidir qué vamos a hacer. La formulación de una dirección y la creación de nuevos centros traería consigo necesidades no pequeñas de espacio, además de una perfecta infraestructura. Hay que ensanchar el Campus y no acortarlo por razones financieras, que, siguiendo el refrán, son pan para hoy y hambre para mañana. Aún tiene la ULE posibilidades de expansión suficientes, aún es posible acoplarle terrenos sobre los que edificar nuevos institutos. Lo único que acaso sea necesario es re-pensar el futuro y no pensar el presente. Finalmente, la peculiar situación de León dentro de la autonomía castellano-leonesa es otro de los puntos a tener en cuenta. Las continuas quejas de algunos políticos leoneses sobre cuotas, repartos y prebendas es el síntoma más claro de un complejo, llamémosle anímico. Cuando los argumentos son lógicos y fuertes, no es necesario alzar la voz. La ULE deberá aportar esos argumentos en la forma de un plan de crecimiento y organización para el futuro, y exigir su financiación de acuerdo con los derechos que la ley otorga a todas las universidades castellano-leonesas. Un buen proyecto se defiende a sí mismo, sin necesidad de dar voces.