Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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SIGUE HABIENDO mucha gente que teme la justicia y no porque le asuste su conciencia, sino la de los jueces. No sé qué señor magistrado le dijo a un periodista que ellos conocían demasiado las debilidades humanas para permitirse juzgar las suyas con excesiva severidad. Cualquier camino es bueno para que llegue la misericordia, a condición de tener las puertas abiertas para que pueda entrar. Al viejo general Pinochet no conviene juzgarle por lo que hizo cuando estaba en plena madurez. Aquello fue una locura y años después a él no le importa hacerse el loco. Su demencia senil es más que dudosa, pero conviene apoyarse en ella para no remover la sangre, que todavía no está del todo cuajada. El caso de Milósevic es parecido. La mala salud del ex presidente yugoslavo provoca una y otra vez la suspensión del juicio que se sigue contra él en La Haya. Milósevic padece problemas de hipertensión, cosa que no le ocurre a las miles de personas a las que ayudó a pasar a mejor vida. La misericordia no merece ese nombre si tan sublime virtud se practica por conveniencia o por obligación o por eso que llaman

, que a veces es demencial. La misericordia inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos. La justicia pretende dar a cada uno lo que le corresponde y eso es mucho más difícil. Tampoco es exactamente lo mismo la compasión de la lástima. Hay personas que compadecen a los poderosos que se cayeron del poder y se dieron un gran batacazo, pero no sienten verdadera lástima. Entre nosotros se ha advertido mucho en el caso de Mario Conde, que pasó de ser el ídolo de cierta afición a un símbolo de la revancha colectiva contra el triunfador. Ahora, Instituciones Penitenciarias se dispone a hacer más flexible el tercer grado. Que nadie se llame a engaño: no es que haya aumentado el caudal piadoso, es que en las cárceles no se cabe. Hay un lleno hasta la bandera. Tenemos más de 50.000 reclusos. Y no a todos podemos hacerlos fijos.
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