EL RINCÓN
Cuestión de grado
SIGUE HABIENDO mucha gente que teme la justicia y no porque le asuste su conciencia, sino la de los jueces. No sé qué señor magistrado le dijo a un periodista que ellos conocían demasiado las debilidades humanas para permitirse juzgar las suyas con excesiva severidad. Cualquier camino es bueno para que llegue la misericordia, a condición de tener las puertas abiertas para que pueda entrar. Al viejo general Pinochet no conviene juzgarle por lo que hizo cuando estaba en plena madurez. Aquello fue una locura y años después a él no le importa hacerse el loco. Su demencia senil es más que dudosa, pero conviene apoyarse en ella para no remover la sangre, que todavía no está del todo cuajada. El caso de Milósevic es parecido. La mala salud del ex presidente yugoslavo provoca una y otra vez la suspensión del juicio que se sigue contra él en La Haya. Milósevic padece problemas de hipertensión, cosa que no le ocurre a las miles de personas a las que ayudó a pasar a mejor vida. La misericordia no merece ese nombre si tan sublime virtud se practica por conveniencia o por obligación o por eso que llaman