DESDE LA CORTE
El presidente bombero
LLAMÉ a uno de los grandes conocedores de la realidad gallega a preguntar por la visita de Rodríguez Zapatero y me sorprendió: «Ha sido un viaje muy importante». Le objeté que el presidente hizo la visita del médico, no llevó un programa ni un calendario de ejecución del Plan Galicia, ni se entrevistó con las fuerzas sociales, ni llegó con dinero en el bolsillo, que es como se viaja a las colonias. Y el experto me siguió sorprendiendo: «Pero ha venido, ha comprometido su palabra, y eso es lo que importa». ¡Con qué poco nos conformamos!, podrá pensar alguien. Y es verdad. Pero es que la señora Álvarez, usuaria de la cartera de Fomento, lo puso todo tan negro, habló tanto de engaño al pueblo gallego, descalificó tanto los proyectos del anterior gobierno, que un simple viaje de Zapatero parece un acto de reparación. Una sonrisa de Zapatero nos parece un triunfo. Y un compromiso de su palabra nos parece una enorme garantía de futuro. Si, además de eso, hubiera hablado de plazos y de dinero disponible, en vez de dejarlo todo al albur del «ritmo inversor que permita la Administración», a estas horas le estaríamos haciendo un hueco en un altar de la Catedral de Compostela y estaríamos convocando a los peregrinos a venerarle. Hechas estas salvedades, hay bastantes aspectos positivos. Uno es la cordialidad demostrada entre la administración autonómica y la central. Quienes las dominan, PP y PSOE, están enfrentados en mil batallas, alguna cruel y cruenta. A pesar de esas contiendas, Fraga y ZP han demostrado ser capaces de apartar los rencores que se contemplan en otros escenarios y hablar en un clima de cooperación. Eso fomenta una esperanza: ojalá estemos ante el final del clientelismo que «premia a los buenos y castiga a los malos». El segundo aspecto positivo es que Zapatero ha demostrado que mantiene la sensibilidad. Si se me permite, todavía no ha perdido la virginidad que pierden quienes llegan al poder. Él vio la desilusión de una sociedad, comprobó el malestar que había provocado una ministra de su gabinete, y acudió personalmente a curar esa herida. Eso forma parte del talante. Sólo me quedan dos dudas. La primera es muy seria: el señor presidente está adquiriendo multitud de compromisos. Ayer mismo, además de las obras públicas, prometió más fondos públicos para investigación. ¿Habrá dinero para tantas mejoras? Y la segunda es puramente morbosa: ¿qué piensa hacer con doña Magdalena Álvarez y sus desplantes? Porque eso de que el presidente tenga que andar de bombero, apagando sus incendios, no sé si es grave. Pero es para dimitir.