LA VELETA
Desesperanza
EL PP no termina de encontrarse. Mejor dicho, no termina de encontrar el modelo para hacer oposición. A ratos parecen melifluos, otros parece que van a volver a aquellos otros tiempos en que fueron oposición y en que no les importaban los medios con tal de lograr el fin, pero en aquella etapa aún no habían gobernado, y se presentaban limpios de polvo y paja por más que desde el PSOE les querían hacer herederos del pasado, de lo peor del pasado. Ahora vienen de gobernar, y el que gobierna se equivoca, porque gobernar es tomar decisiones y es imposible no errar en algún que otro tramo del camino. De manera que Zapatero, aunque se equivoque, aún no se le nota mucho, o acaso aún no se le tiene en cuenta, que todo se andará, pero el PP no puede alzar mucho la voz porque en seguida le responden aludiendo al pasado reciente, a lo que hizo o dejó de hacer. Y en el pasado reciente, y ahí les duele, está el desastre del Yakovlev , o el haber metido a España en la guerra de Bush contra Iraq, o la pésima gestión de la tragedia del 'Prestige'. Hay más errores, claro, pero estos son los más evidentes, los que más cuajaron en la conciencia de la gente, por los que les han pasado factura en las urnas. Se quejan amargamente en el PP de Bono. No conocen a Bono. El ministro de Defensa jamás desaprovecharía una ocasión para ganar la partida al adversario, y si ello le da un plus de popularidad entonces es que ni lo duda. Bono ha ido poco a poco desentrañando la tragedia del Yakovlev que se ha llevado por delante a una de las mejores cabezas del PP, Federico Trillo. He escrito en varias ocasiones que jamás entenderé cómo un hombre tan inteligente como Trillo pudo ser tan pésimo ministro de Defensa. Ahora, su sucesor, José Bono, va a rematar su ya destruida carrera. A hora lo que asombra es el asombro de Rajoy y de otros dirigentes del PP. Asombra escucharles decir que ellos ya han pagado por ese error porque han perdido las elecciones. Rajoy no sabe como hacer para evitar que el fiasco del Yakovlev siga pasando factura. Como tampoco puede evitar que en la opinión pública haya quedado grabada una idea: que el 11 de marzo el Gobierno Aznar dijo medias verdades sobre el atentado al empeñarse en descartar cualquier autoría que no fuera la de ETA.