EL RINCÓN
El Riggs
EL RIGGS de Washington, a diferencia de otras entidades bancarias, no muestra un gran interés porque los asalariados domicilien en él sus nóminas. Tiene una selecta clientela formada, sobre todo, por los ex jefes de Gobierno que estaban persuadidos de que para mejorar sus respectivas patrias era necesario disminuir el número de compatriotas. Tiranos Banderas de diversos formatos, patriarcas en el ocaso, Supremos y tipos así, más o menos bananeros. También máximos mandatarios africanos, criados junto al morse de los tantanes, entre rinocerontes y lanzas. De esos que delatan en cualquier fotografía, tanto de frente como de perfil, que sus antepasados más cercanos han deglutido a más de un explorador y a más de cuatro misioneros. Como el dinero no tiene olor y además el Banco Riggs lava más blanco, allí no se le hace ascos a ninguna fortuna sanguinolenta. Ya digo que no es un Banco vulgar y corriente, de esos que hospedan cuentas corrientes vulgarísimas y que le prestan dinero a todo el que puede demostrar que no lo necesita con urgencia. No. En el Riggs no se husmea en los orígenes de los capitales, cosa que tampoco suele hacerse en otros templos del capital, pero la diferencia es que sus directivos buscan a los ladrones para ofrecerles la custodia del botín. Han obtenido tantos éxitos comerciales en este aspecto que el propio presidente Bush ha exigido una investigación a fondo sobre los bajos fondos financieros que ocultan. Quieren remover «el estiércol del diablo», que es como Papini llamaba al dinero, y una subcomisión del Senado acaba de destapar el trato de favor recibido por Arabia Saudí, por el ex dictador guineano Teodoro Obiang y por el ex dictador chileno Augusto Pinochet. Se asegura que mientras las cuentas secretas de Obiang alcanzan los 700 millones de dólares, las de Pinochet nunca superaron los ocho millones. Se confirma que cuando África despierta se levanta con un apetito enorme. Gracias a gente así los paraísos fiscales están llenos de serpientes.